menu_open Columnists
We use cookies to provide some features and experiences in QOSHE

More information  .  Close

El tesoro y el guardián de todas las cosas

3 0
thursday

Memoria. / Crédito: Milad Fakurian en Unsplash.

Cicerón en su obra De Oratore cuenta una historia de Simónides de Ceos, el cual fue contratado en un banquete para cantar una oda en honor de un noble muy rico, conocido como Scopas de Tesalia. El poeta escribió un poema dedicado a los dioses Castor, un experto domador de caballos y Pólux un famoso boxeador, y se detuvo en contar su historia. Los oyentes oían la composición con mucha atención, fascinados seguramente con la participación de ambos en la caza del jabalí de Calidón un animal salvaje y feroz que hizo que las gentes de dicha ciudad se refugiaran dentro de las murallas, y acabaron muchos muriéndose de hambre. Los dos héroes acompañaron allí a los argonautas, quienes acabaron con él.

Tras la muerte de Cástor en una reyerta, Pólux, compartió su inmortalidad con él. Zeus dejó que alternaran su estancia entre el Olimpo y el Hades, y acabó convirtiéndolos en una constelación.

Scopas, viendo que alababa más las figuras de los dos dioses en vez de la suya, le pagó simplemente la mitad de lo pactado y le dijo que el resto se lo pagaran los dioses.

En un momento dado de la comida, dos jóvenes preguntaron por Simónides y este salió del salón de banquetes del palacio para encontrarse con ellos, pero no encontró a nadie, y en ese mismo momento se derrumbó el techo del salón, donde estaban reunidos, quedando todos desfigurados y sin posibilidad de poder ser reconocidos.

Sin embargo, gracias a Simónides que solía tener una memoria prodigiosa se identificaron, teniendo en cuenta el lugar que ocupaba cada uno en la mesa.

Fue de gran importancia la relación del orden espacial y una memoria perfecta, para resolver todo ese problema. Así es como surgió el Método del Palacio mental.

Está demostrado que los seres humanos recuerdan mejor entornos físicos y dimensiones espaciales, que datos abstractos.

Posteriormente el método fue mejorado por Cicerón y Tertuliano, que dividían sus discursos en secciones y asignaban a cada sección una habitación en su privado Palacio mental.

Y en estos momentos en que tanto falla la memoria, debido al envejecimiento poblacional y a la fijación de la mente de la mayoría de los seres humanos en las pantallas, el Método Loci o de los lugares, también conocido como el Palacio de la Memoria, ha cobrado gran importancia.

Sólo se compone de tres grandes pasos, el primero es que debemos centrarnos en un lugar que debemos seleccionar en nuestra mente, la casa familiar, la calle donde se vive, el recorrido al trabajo, un paseo por el río Duero o cualquier lugar que conozcamos bien y que esté bien iluminado.

El segundo paso es la creación de imágenes a través de los conceptos que queremos aprender, cuanto más impactantes o emocionales mejor.

En el tercer paso se depositan esas imágenes, conceptos o palabras que queremos aprender a lo largo de ese espacio mental o entorno físico de la memoria escogido, que hemos creado en muestra mente.

Los lugares son los recipientes donde depositaremos las palabras que queremos recordar.

Los puntos de anclaje de los conceptos deberán estar bien definidos.

Para recuperar la información sólo necesitamos volver a realizar un breve paseo por ese lugar y podremos repetir lo aprendido, más fácilmente.

Cuanto más divertidas y extrañas sean las asociaciones, mejor será el recuerdo, además se recuerdan mejor las imágenes en movimiento que las estáticas.

Veamos un ejemplo con la lista de la compra, que aparece en algunos de los libros de este método.

La barra de pan es la puerta de casa, los huevos están diseminados por el suelo del salón y la leche en el sofá, que se ha vuelto blanco de repente y así sucesivamente.

Cuando hagamos la compra, pasearemos mentalmente por el lugar donde hemos colocado los alimentos y las palabras surgirán en nuestra mente sin problema.

Pruébenlo, practíquenlo, porque es una manera fácil de ejercitar la memoria, que es según Cicerón, "El tesoro y el guardián de todas las cosas".

Suscríbete para seguir leyendo


© La Opinión de Zamora