Venir al pelo |
El exministro José Luis Ábalos (i) y su exasesor Koldo García (d) en el banquillo de los acusados durante el juicio por el 'caso mascarillas' en el Tribunal Supremo, a 7 de abril de 2026, en Madrid (España). / Pool
Aparte de la cantidad de majaderías que en pleno juicio están diciendo las amiguitas de Ábalos reclutadas por Koldo, hay algo que no ha pasado desapercibido al común denominador de ciudadanos que sigue el juicio por la tele: la nueva imagen de Koldo. No sé si le han puesto cabello en la cárcel, antes de entrar en la trena para quedarse o si se está aplicando una fórmula magistral a base de Minoxidil, Finasteride y Dutasterida, lo cierto es que la tapadera craneal de Koldo luce con pelo, bastante pelo, un pelo espantoso y mal cuidado, pero cabello, al fin y al cabo, el sueño de todos los calvos.
Koldo ha dejado de parecerse a sí mismo para ser una copia de Rasputín, aquel místico, curandero y monje siberiano que ejerció una inmensa influencia sobre la familia del zar Nicolás II en los últimos años del Imperio Ruso. Veo fotos del consejero íntimo de la zarina Alejandra y veo directamente a Koldo García. La envergadura física es muy parecida. Quizá Koldo camina ligeramente encorvado, puede que sea el peso de sus pecados, con respecto al monje, pero por lo demás, desde que ha empezado a brotarle el pelo como ababoles en primavera, es clavadito al consejero de la zarina. Hasta en eso coinciden, en el trabajo que desempeñaron uno y otro y, ¡oh, casualidades de la vida!, uno y otro se ganaron enemigos poderosos por sus comportamientos escandalosos y control político.
Koldo ha empeorado mucho con su nuevo look. Se le ve horrible. No es que fuera precisamente un Adonis, no tenía siquiera un pasar, pero pasaba. Para portero de discoteca, con perdón de los porteros de discoteca, no estaba mal, pero pare usted de contar. Si embargo, ya ve, como conseguidor de damiselas en apuros, era un lince. No les hacía un examen porque, de esa forma, no asistiríamos abochornados al desarrollo del juicio que sienta en el banquillo al propio Koldo y a su ex amigo, el ex ministro Ábalos.
Lo cierto es que Koldo, que no tiene un pelo de tonto y piensa hablar sin pelos en la lengua, porque no se fía ni un pelo de su entorno político, sin pelo estaba mal y con pelo está horrible.
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