Distintas varas de medir

Cornellà El Prat. 31.03.2026. Deportes. Aficionados ondean banderas en el RCD Estadium para presenciar el partido amistoso entre las selecciones de España y Egipto. Fotografía de Jordi Cotrina / JORDI COTRINA / EPC

El fútbol no es violento. Violentos son los que se refugian en él para desatar su ira y su vesania. El partido amistoso entre España y Egipto, disputado el pasado martes en el barcelonés RCDE Stadium de Cornellà-El Prat ante 35.895 espectadores, ha dejado episodios de mal comportamiento en la grada, con cánticos de carácter racista y religioso y abucheos al himno del combinado africano. El cántico "Musulmán el que no bote" fue una conducta ofensiva que empañó el ambiente festivo que se vivía en el recinto deportivo.

Es intolerable que esto siga sucediendo. Y me da lo mismo que se insulte cuando sale Lamine Yamal al campo que cuando lo hace Vinicius Jr. O, como en este caso, la Selección de Egipto. Los energúmenos nos dejan a todos los españoles a la altura del betún. Hemos sido una pésima noticia internacional que empaña el buen nombre de España, el del deporte rey español y el de los españoles. La prensa internacional no ha hecho distinciones.

El Gobierno de España ha expresado "vergüenza" por los cánticos xenófobos en Cornellá y no conforme con eso, ha reaccionado llevando el asunto ante la Fiscalía. ¡Bravo! La mal llamada progresía de izquierdas también se ha expresado a sus anchas en cuantos programas de radio y televisión han participado, deplorando lo ocurrido como lo deploramos todos los españoles. Lo que más siento es que ni Gobierno, ni la mal llamada progresía de izquierdas, mostraran con la misma firmeza su indignación cuando en San Mamés y Anoeta gritan aquello de "Español el que no bote". Ahí no hay responsables, no hay odio y no hay xenofobia. Hay dos varas de medir.

Como no la hay cuando el independentismo vasco y catalán se escudan en las banderas de la República Islámica de Irán y en la de Hezbolá mientras pisotean la bandera de España. Estoy por ver a los Rufíán de turno, ministras y ministros de todos los calibres, condenar y llevar ante la Fiscalía a quienes en San Mamés y Anoeta griten el consabido "Español el que no bote". Ya sabemos que tanto el enfadado Gobierno como la mal llamada progresía de izquierdas tienen de patriotas lo que yo de cura, por lo menos en lo que a España respecta, no así en los países del orbe musulmán.

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