Colas kilométricas

Edades del Hombre. / Victor Garrido / LZA

Estos últimos días en Zamora se han visto colas kilométricas por doquier. Son tres las que han llamado poderosamente la atención a propios y extraños. Las tres se han producido en el casco antiguo. Comienzo por la de la Plaza de Viriato que tuvo mucho que ver con el Día Forestal Mundial. El área de Agricultura de la Diputación de Zamora, cumpliendo con la tradición, repartió 1.700 plantas de castaño híbrido, laurel y morera. Incluso el presidente, Javier Faúndez, se remango y con una disposición que no pasó desapercibida, entregó plantones a punta pala. La primavera siempre llega generosa a Zamora consolidando está vieja iniciativa con la que se pretende fomentar la plantación de especies forestales a la vez que sensibilizar sobre los beneficios que aporta.

Otra de las colas que a nadie pasa desapercibida es la que se forma delante de ese establecimiento único en Zamora, en plena Rúa de los Notarios, que alberga los sabores dulces más deliciosos de la Semana Santa. Colas que no parecen acabar nunca. Aceitadas, amarguillos, bollo coscarón, rebojos, feos, lazos, coquitos, nevaditos, rosquillas de todo tipo. Nada sería igual sin pertrecharse convenientemente de estos dulces y riquísimos sabores que a los zamoranos nos retrotraen a nuestra infancia y que tienen en el establecimiento de La Rúa a uno de sus mejores valedores; los viandantes alucinan cuando ven la interminable cola que se forma. Cuando compran y prueban lo comprenden mucho mejor.

La cola por antonomasia, que más bien parecía un desfile procesional, es la que se formó ante la Seo zamorana para disfrutar de Las Edades del Hombre. Qué gran trabajo. Qué hermosura. Qué orgullo para Zamora, para los zamoranos, para el Obispado y para don Fernando Valera que apostó muy fuerte por esta muestra iconográfica. He tenido la enorme suerte, el enorme privilegio de contar como guía, como cicerone con el catedrático de filosofía más joven de España, el toresano José Manuel Chillón, autor del guión. La experiencia es doblemente gratificante. La voz de José Manuel, su erudición, sus conocimientos que todo lo abarcan te hace ver la muestra religiosa con otros ojos. Un lujo, sin duda alguna que permanecerá anclado en mi recuerdo y en mi corazón.

Ojalá todos los días del año pudieran formarse colas y más colas que califico de la alegría, por los motivos que fueran. Sería una buena señal.

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