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Atentan contra la salud

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Estantería de bebidas energéticas en un supermercado, en una imagen de archivo. / SOLSTOCK

Me refiero a las bebidas energéticas. No son las que se llevan la palma del riesgo físico y psicológico por su ingesta, pero algo, mucho, se llevan de la salud de quienes las consumen, preferentemente los jóvenes. Por fin, el Ministerio de Derechos Sociales, Consumo y Agenda 2030, que dirige Pablo Bustinduy, ha anunciado una normativa para prohibir la venta de todas las bebidas energéticas a menores de 16 años. Prohibición que se ampliará a los menores de 18 años en caso de bebidas con más de 32 miligramos de cafeína por cada 100 mililitros.

La autoridad sanitaria representada en el Ministerio de Consumo tarda mucho en tomar decisiones de este calibre, por otro lado, tan necesarias, conociendo como se conocen los riesgos a los que se enfrentan los consumidores y sabiendo como se sabe que casi la mitad de los adolescentes españoles toma bebidas energéticas. La autoridad sanitaria es lenta, menos mal que, al parecer, es segura. Desde que ensillan hasta que montan suele pasarse bastante tiempo y en esta ocasión no ha habido diferencia alguna con las prohibiciones extendidas a otras bebidas y alimentos.

La iniciativa española se alinea con medidas que también están adoptando diferentes países europeos como Alemania, Hungría, Letonia, Lituania, Noruega y Polonia. Cabe decir que comunidades autónomas como Asturias y Galicia ya habían adoptado medidas. Me alegra enormemente que se extienda a todo el territorio nacional. Con una particularidad, la normativa se suma a la prohibición de la venta de bebidas energéticas en los centros escolares aprobada el año pasado y responde a informes científicos, como el del Comité Científico de la AESAN, que advierten de los riesgos de un consumo excesivo de cafeína. Riesgos que pasan ineludiblemente por alteraciones del sueño, efectos psicológicos y alteración del comportamiento, así como trastornos cardiovasculares. El asunto no es baladí.

Lamentablemente, los jóvenes están expuestos a muchos riesgos que pasan, precisamente, por lo que consumen, por lo que beben y por lo que comen. Y ya iba siendo hora de adoptar medidas drásticas que deben pasar igualmente por la publicidad. Basta ya de utilizar a influencers e ídolos del deporte para la promoción de unas bebidas que la mayoría de jóvenes españoles consumen una media de dos veces por semana, con el agravante de que casi la mitad las mezclan regularmente con alcohol.

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