Un nudo en el alma

Es muy de mañana, y los progenitores se han levantado y están situados en la mesa para desayunar, no se escucha una palabra, el silencio es absoluto, sólo se respira, y en ocasiones de forma entrecortada. Además, la seriedad y el retraimiento presiden todo. ¿Quién rompe el silencio? ¿Quién inicia una mínima conversación?, se vive entelerido por el miedo que ahoga, asfixia, inquieta y no permite saborear nada. La madre, siempre con olfato especial, rompe el hielo. ¿Sabes a qué hora llegó? Yo estaba dormida porque no he escuchado nada; el padre con medias palabras, pues carece de fuerza para expresar un pensamiento de forma fluida; responde: "Lo escuché, llegó tarde, me levanté aparentando que iba a beber agua, le vi". La cara como siempre sin expresión, sin gesto ninguno, plana, como si no sintiera nada, y además algo desaliñado, como despreocupado por la ropa, como sin importarle nada, cruzamos las miradas, yo dije buenas noches, qué tal, y él sin respuesta alguna se fue a la cama.

Qué difícil es vivir así, qué cuesta tan enorme estamos viviendo de forma diaria, es como si estuviéramos........

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