¿Qué nuevo orden ni que niño iraní muerto? |
Misil lanzado por la Guardia Revolucionaria de Irán. / Europa Press/Sepahnews
Dice el refrán que no hay más ciego que el que no quiere ver. Y tal y como anda el mundo, con un gran idiota revolviéndolo todo a su antojo y pegando patadas sin sentido a un nido de avispas, la inmensa mayoría prefiere cerrar los ojos y no mirar.
Digo gran idiota y digo bien, porque el vocablo idiota posee tres significados y el gran idiota en cuestión cumple todos los requisitos. Según su etimología griega, idiota es aquel que es incapaz de mirar por el bien común y sólo se mueve en su propio beneficio. Idiota para los romanos era eso, un idiota. Para la escolástica, idiota es todo aquel que no tiene principios, fe, ideología, código de conducta o filosofía de vida. Quien no cree en nada es idiota.
Sin embargo, se puede ser tres veces idiota y no tener un pelo de tonto.
Hace tiempo que reputados nombres propios dentro del campo de la Física vienen alertando de que el pico del petróleo se alcanzó en el 2018. Y que el petróleo que se extrae desde entonces es de peor calidad. Por eso, a las petroleras no les queda otra que invertir cifras multimillonarias buscando mejor petróleo a mayores profundidades. De ahí lo del eslogan drill, baby, drill. Que en la lengua de Raúl del Pozo viene a significar "Perforar o muerte. Venceremos".
Como las petroleras no quieren gastar un dólar de más, todo beneficio les parece poco, los físicos de prestigio vaticinaron que más pronto que tarde los Estados Unidos, liderados por el gran idiota, atacarían Venezuela, Irán y Nigeria bajo cualquier pretexto liberador o excusa salvadora.
Van dos de tres. Si yo fuera nigeriana iría pidiendo asilo en tierras vikingas.
Dejo a los idiotas con sus idioteces, para volver al principio. Con los ciegos no de nacimiento sino de autoaceptada ceguera. Veo a la izquierda izquierdísima reunirse en izquierdísimo akelarre, no para hacer autocrítica o examen de conciencia. Tampoco acto de contrición ni propósito de enmienda.
Una izquierda desnortada, a la que se está comiendo por los pies otro idiota tres veces idiota que tampoco tiene un pelo de tonto. Una izquierda feminista y plurinacional, pacifista, antisionista, lgtbiq+ista, ecologista y anticolonialista… más todos los demás istas de una infinita lista en la que no aparece por ningún lado la sufrida clase obrera y sus problemas reales.
Una izquierda a la que la caída del Muro de Berlín dejó ko a los puntos. Y desde entonces sigue noqueada, sin recuperar el aliento ni el buen juicio. Una izquierda que vive sin vivir en sí y que es incapaz de comprender que las mujeres no están oprimidas por el patriarcado, sino por el capital.
El mismo capital que roba con total impunidad la fuerza de trabajo de los pastores de ovejas. Y que cuenta con el beneplácito de la Unión Europea, que se limita a aliviar el latrocinio con dinero público. Unas jugosísimas subvenciones, de las que los pastores sólo cobran unas migajas, porque la mayoría se quedan por el camino que lleva a la casa de muchos listillos.
El mismo que permite la masacre de aldeas cisjordanas enteras, el exterminio por igual de ovejas y pastores, el incendio de olivares, para construir otro asentamiento ilegal de colonos judíos. Uno más, hasta conseguir ese Gran Israel soñado por un idiota corrupto y circuncidado al octavo día, como marca la Torá.
El mismo capital que mató a Berta Cáceres y que esta semana ha asesinado a Juan Manuel Zavala, sacerdote católico de Chiapas. Un firme defensor de las poblaciones indígenas y de sus tierras sagradas. Un luchador infatigable frente a la avaricia de las corporaciones madereras, energéticas y mineras. También frente a esos terribles cárteles de la droga, diseñados en Fort Bragg, base de las Operaciones Especiales norteamericanas en Carolina del Norte, con el fin de desestabilizar países.
Y que al igual que sucedió con Al Qaeda, ISIS, los talibanes, más el resto del islamismo radical, financiados y entrenados durante la Guerra Fría por el capital para revertir la creciente influencia soviética en Oriente Medio, se les ha terminado yendo de las manos. También lo dictamina el refranero: cría cuervos y te sacarán los ojos.
Conspiración para matar a un cura, es una película de los años ochenta sobre la represión comunista en la Polonia del sindicato Solidaridad. Conspiración para matar a cuantos curas se opongan al salvaje capitalismo extractivista, es la realidad del capital en Iberoamérica y en el resto del planeta.
Por esto sorprende la ceguera de la izquierda a la izquierda de la izquierda ante las declaraciones de Ursula Von der Leyen, cuando asegura que los europeos no podemos seguir defendiendo un viejo orden mundial extinto dado que estamos ante un orden internacional.
¿Qué nuevo orden ni que niño iraní muerto? No existe ningún nuevo orden mundial. Seguimos anclados en los años ochenta, cuando Estados Unidos hacía y deshacía a su antojo. Invadía el país que le daba la gana, cuando le daba la gana. Y la vieja y caduca Europa callaba y otorgaba. El único cambio es que el actor de películas del oeste, Ronald Reagan, se ha transformado en un histriónico payaso con una torre que lleva su nombre.
Vivimos anclados en los años ochenta, con la excepción de que ya no hay dos mundos antagónicos. No existe un telón de acero. No hay ningún bloque soviético ejerciendo de némesis, de oposición frontal, de muro de contención frente a la voracidad sin límites del capitalismo global.
No existe un nuevo orden internacional. Esto sigue siendo el mercado, amigo. Un mercado despiadado que la izquierda cegatosa ha comprado. Por eso sigue obsesionada con vender la defensa de inagotables ismos, y se olvida de que la clase obrera tiene muchos problemas en su vida, cantidad de preocupaciones e historias que le quitan el sueño.
Problemas, preocupaciones e historias para no dormir de campesinos y obreros de la ciudad que los ultraliberales prometen solucionar con más capitalismo todavía… Y cuando acabemos como la Argentina del idiota de la motosierra, la izquierda volverá sus ojos a Marx, Carlos, no Groucho, y a su Das Kapital.
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