Llegar tarde: "La III República" |
En la vida social hay comportamientos diversos en las distintas sociedades que se convierten en costumbre. Algunos son curiosos, otros molestos. Deberíamos intentar erradicar estos; yo me estoy planteando erradicar uno y de ahí estas reflexiones con a disculpa del refrán "del viejo el consejo"; aunque no lo soy si soy ya una persona mayor. Me refiero a esa costumbre de llegar tarde a las citas que es una falta de respeto al que se hace esperar; una grosería socialmente aceptada, pero grosería. Llegamos tarde aún a reuniones formales que tiene una primera y segunda convocatoria. Lo que se llama cinco minutos "de cortesía", ¿no lo son de descortesía? Un día recibí una convocatoria que decía "a la siete menos diez para empezar a las siete". Eso si son diez minutos de cortesía, pero todo el mundo siguió llegando tarde.
Aun si nos reunimos a comer llegamos tarde. A su hora solo hay tres, los demás nos vamos incorporando goteamos como un grifo mal cerrado. Ya ni nos disculpamos; llegar tarde se ha incorporado a nuestra convivencia social; al que llega a su hora casi se le reprocha, pero el perjuicio es para todos porque limitamos lo mejor de toda comida; la sobremesa. Nosotros mismos nos privamos de ella.
Por eso hoy, catorce de abril, estoy ya un poco enfadado; llevo toda mi vida esperando y la III República democrática no termina de llegar a la cita. Y no es que yo sea impaciente, es que llevo toda mi vida esperando; toda mi vida y sin quejarme hasta ahora, pero hoy ya no puedo más y me quejo. Se dice que las virtudes tiene su premio, pues ahí expongo la mía: llevo esperando pacientemente a que llegue de una vez la III República Democrática y quiere el premio a mi virtud, pero hoy tampoco llegará y por eso hoy me quejo; ¡claro que me quejo! Me quejo de pasarme toda la vida esperando; toda la +vida esperando desde que nací; con ansia en la adolescencia, preocupado a medida que me hacía mayor y ahora … ahora enfadado.
No soy el único, nos merecemos que llegue de una vez; no es cosa de memoria histórica, es asunto de realidad histórica; el momento de empezar el futuro, un futuro que colme nuestras ilusiones de justicia, de solidaridad, de buen hacer, …. de ser felices. Es hora de que, de una vez por todas las esperas, llegue la III República. Nos la merecemos. La merecemos por respeto a la memoria histórica de nuestros padres que vivieron soñando en ella …. y ya han fallecido y queremos que no nos pase lo mismo.
Queremos compartir ese día con nuestros hijos y nietos aquella alegría que disfrutaron nuestros padres o nuestros abuelos, pero sobre todo ellas. Años felices aquellos entre 1931 y 1936 donde la alegría, la esperanza y la ilusión brillaban porque la justicia se iba a hacer dueña de España porque estaba empezando a ser realidad. Si a los varones les ilusionó, aquel día fue el día de las mujeres porque para ellas nació la oportunidad de ser libres y antes de fin de año ya pudieron votar. Votar no es meter un papel en una ranura como piensan los que no piensan; es decidir después de pensar, de reflexionar, de querer que todo mejore ¡para todos!, de poder olvidarse del poema del sabio que un día se quejaba de que "se sustentaba con las hierbas que cogía" hasta que acababa viendo que detrás había otro "que iba tomando las hojas que él arrojó".
Hay que ver las fotos de aquellos días, de aquella época: a todas las mujeres la sonrisa les desbordaba la cara, los ojos les brillaban … su futuro iba a ser algo que dependiera de su decisión personal. Aquello fue la II República, aquello pudo ser mi vida desde que vine al mundo … pero no lo fue. Y quiero aún que lo sea.
La solidaridad es la virtud del hombre que vive en comunidad. Que sufre como propia la injusticia del que tiene que vivir de una pensión no contributiva; del que venido a la luz en otro país, no fue su culpa el que le toco, y viene ilusionado al nuestro, que no es nuestro porque solo es el que nos ha tocado. Por eso es indecente matarle su ilusión negándole hasta "las hojas que arrojamos". Tienen el mismo derecho a comer "las mismas hierbas" con que nos alimentamos nosotros; y si entre ellas hay un tomate, mejor, ¡pero para todos!
Los desahuciados dan pena; sin duda el propietario sufre un perjuicio, pero ¿es justo el derecho que alegan o sólo es legal? La solución es de los políticos, decimos; de esos ruines que no crean viviendas públicas en alquiler, ni colegios públicos, ni aumentan la dotación en sanidad y en justicia cuyas demoras exceden las de sanidad porque "tarda justicia non est". Pero no es cierto; nosotros los elegimos por acción o por omisión. En Hungría parece que han decidido pasar a la acción.
¡Ven de una vez! ¡No nos hagas esperar más! ¡Haz realidad nuestros deseos!
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