La paz y la palabra |
Sombría crónica mundial nos sobrecoge. El viernes de tinieblas se prolonga cuando ya las procesiones han cesado. Nos supera el pesimismo pero toca seguir abriendo las ventanas y mirar al campo, las plantas.., aunque solo sean macetas de geranios de la casa. Hay algo más que asfalto en las arterias de la ciudad. Los patos, cual flotilla aérea inofensiva, vuelan altos por el cielo azul en trance de estallar. Si es verdad que somos humanos nos toca trabajar para la vida, celebrar también la vida y saltar sobre la muerte mientras tengamos peldaños que nos ayuden: la poesía, la música, la lectura, (¡viva el bibliobús!), la pintura contemplada como arte de desarme mental, de relax emocional que ahora se vende tan caro. Y sobre todo la lectura, ahora que llega el día del libro. Excluyendo la Biblia podemos decir que el libro, o libros, que abrieron la puerta de la literatura desde la antigüedad no son otros que la Ilíada y la Odisea. Si han estado influyendo sin cesar en nuestras letras puede que sea por la variedad de emociones, actitudes, pasiones y odios que relatan. Para lo bueno y para lo malo la humanidad quedó retratada en esos libros de curiosa actualidad en lo que toca al lugar estratégico de la ciudad protagonista de la narración: Troya, situada junto al estrecho de Dardanelos que comunica Europa y Asia, y con conflictos probablemente parecidos a los de hoy aunque disfrazados de amoríos y jaleos entre dioses, guerreros y mujeres víctimas de la ambición de hombres insatisfechos; hablando suave.
No es difícil ver que la historia se repite y hasta casi por los mismos caminos. Troya fue destruida y levantada nueve veces, como indican los estratos excavados: una arqueológica muestra de nuestra ancestral manía de matarnos reiteradamente sin compasión, con el agravante de que nuestras destrucciones actuales pueden resultar desoladamente definitivas y no habrá relato que lo cuente sino catas arqueológicas, a saber quién las escarbe. La Ilíada es el relato de una coalición de pueblos para rescatar a una mujer, Helena, semi secuestrada; la Odisea es el regreso accidentado de un hombre al que espera una mujer, Penélope, tejiendo y destejiendo una prenda inacabable. Los griegos destilaron sus atavismos históricos, su determinismo guerrero en estas obras literarias que ocultan esa fatalidad unida a nuestra especie: la venganza y la incesante pendencia, hasta que llegó Sócrates y mandó pensar. No sirvió de mucho. Quizá sólo para ahondar en la conciencia de nuestra fiereza sin ser capaces de generar armas de paz.
Leo un viejo éxito: "Más Platón y menos Prozac", y añado yo: "más lectura y menos ira".
Aunque no entendamos la razón o sinrazón de los otros. También las bibliotecas a veces parece que obran con enfado cuando acometen el periódico “expurgo” para hacer sitio a nuevos volúmenes que han que caber en los estantes. Bien que lo lamento cuando veo un título injustamente expurgado pero disculpo ese despiste por el hecho de que viene a caer en mis manos.
Feliz día del libro y la lectura.
Les dejo con mis versos de "Las horas cantadas" en "Magia escolar":
"Trazo una raya/ La tiza es un cometa de cola blanca. / El lápiz una flecha / de ninguna guerra./ La goma un meteorito/ que cae sobre las letras / Mi cuaderno es un árbol/ de hojas secas. / Por tanto la biblio / es una alameda".
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