Hemos naturalizado el límite |
Imagen representativa de "límite". / L. O.
Tras décadas oyendo que no hay alternativa, una parte importante de la sociedad ha asumido que la política está para gestionar lo que hay, no para transformarlo. No es una conclusión razonada, es una idea interiorizada. Repetida tantas veces que ya no se discute.
Hoy, cualquier propuesta que aspire a cambiar de verdad las condiciones de vida se enfrenta al mismo muro: no se puede. No se puede tocar el mercado de la vivienda. No se puede invertir más en sanidad o educación. No se puede reforzar la inversión social sin «romper el sistema». El límite no se debate, se da por hecho.
La vivienda es el ejemplo más evidente. Se nos dice que el precio del alquiler no puede........© La Opinión de Murcia