Tejer pequeños suéteres de lana para pingüinos heridos

A veces la humanidad se dignifica entera en un gesto pequeño, en una ternura diminuta que tiene mucho valor. Pienso en los pingüinos y en los cormoranes heridos de muerte después de un derrame de petróleo. Los pingüinos, esas graciosas criaturas que caminan como juguetes o relojes vivos que han aprendido a soportar el frío, y entonces imagino a un anciano con el cabello y las cejas muy blancas en Oceanía, el más viejo de Australia, un anciano que ha cumplido ciento y pico años y se inclina sobre sus agujas para tejerles suéteres de lana mínimos del tamaño de un suspiro.

Gómez de la Serna hubiera dicho sobre la realidad de esta noticia que venía el otro día en un humilde periódico que un suéter para pingüinos es una ‘bufanda de dignidad’, un modo de que el mundo no se derrumbe todavía del todo. Y que cada puntada de ese generoso anciano es una sutura más del planeta mismo reparándose la Herida (Sí, con mayúscula herida. Pero eso........

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