Las estaciones saben que vamos a morir |
La primavera sabe que vamos a morir. Por eso florece siempre con esa prisa infalible en los cerezos. Intuye a la vez el oro breve de nuestros corazones y el cinturón de sombra que todos llevamos atado a los tobillos como un Sísifo a su piedra. Sabe que moriremos, pero no nos lo dice, nos envuelve en una luz radiante y en un perfume de olvido. Su compasión consiste en distraernos con flores y colores, como quien distrae a un niño mientras detrás la casa arde entera sin daño, muy despacio. Hay un momento a finales de febrero en que los almendros se ponen bíblicos y hermosos, pero también hay tardes de primavera muy melancólicas que escriben en el aire una advertencia, una premonición, un mensaje minúsculo que solo entienden quienes han llorado alguna vez por nada. Ese aire nos toca a veces como si ya estuviésemos ausentes. Por eso la primavera inventa pájaros que dibujan órbitas imposibles como si fueran arquitectos de una alegría que no termina nunca en la dulce ficción del continuar, pájaros preciosos que mantienen encendida la lámpara........