¿Primavera o consuelo?

El Camino del Huerto, en Caravaca de la Cruz / END

Hay días en que la luz no decide nada porque, aunque amanezca con una claridad recién lavada, hay en el aire cierta melancolía y cansancio. No es frío ni es tristeza. Ni siquiera es fatiga. Es una rara sensación de que la vida está en otra parte, floreciendo muy lejos y agotándose aquí al mismo tiempo. «Te necesito para otra cosa», parece entonces decirte un lenguaje cansado de sí mismo. ¿Primavera o consuelo? Te preguntas. Pero no lo sabes. Los árboles están llenos de una promesa verde, de un fulgor que asciende por las ramas con una inocencia casi ofensiva, de una fe que no tienes, los miras y no sientes del todo la alegría. Sientes otra cosa. Un eco. Esa prisa heredada que casi nunca nos lleva a ninguna parte. Algo que ni siquiera puede acompañarte del todo. Y ahí está otra vez esta mañana el mismo hombre mirándose las manos.

En el Camino del Huerto hay todos los días a esta hora un hombre sentado en un banco de piedra, a la sombra débil de un chopo cuyas hojas aún no han terminado de crecer. No hace nada. Quiero decir: no hace nada que requiera moverse. Quizás esté ensayando algo. Descansa sentado igual que quienes ya han vivido lo suficiente como para no tener que fingir urgencias y solo mira sus manos esperando encontrar en ellas una señal o una noticia nueva de su vida. Lo hace con un respeto antiguo, como si esas manos no fueran las suyas,........

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