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1982, un año inolvidable

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‘La Viña’, uno de los bares tradicionales frecuentado por la progresía de la época. / Archivo TLM

En 1982, año de la promulgación del Estatuto de Autonomía de la Región de Murcia, quienes lo vivimos éramos mucho más jóvenes, lo que no es poco y hace que lo guardemos en la memoria de forma entrañable. Recordar aquellos días produce una grata sensación. En concreto, aquel año cumplí 30 hermosas primaveras. Una edad nada desdeñable, llena de vigor; en la flor de la vida, como se dio en llamar.

En aquellos días, la política estaba a la orden del día en las tertulias de café y, aunque uno no quisiera ni fuera afecto a ninguna ideología, tenía que soportar estoicamente, las tendencias ideológicas de los demás. Siempre me ocurrió algo parecido con el fútbol, siendo uno de los pocos que jamás sintió atracción por tan popular y apasionado deporte.

Murcia capital amanecía un día sí y otro también, empapelada con pasquines políticos y pintadas que conferían un aspecto deplorable a la ciudad. Los guardias habían cambiado el color de sus uniformes, del gris a un espantoso color marrón coronado con una boina del mismo tono, que encajaba en el afán de cambio que imponía el nuevo sistema político. Mítines y conferencias seguían siendo pródigas en ámbitos........

© La Opinión de Murcia