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Los días buenos

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26.09.2026

Los rayos de sol llegan a una planta. / ShutterStock

Hay días que se rompen sin hacer ruido. No estallan, no avisan: simplemente se tuercen en algún punto casi invisible de la mañana. Y, sin embargo, también hay días que se elevan con una inadvertida sutileza, sostenidos por gestos minúsculos, casi escondidos. Entre unos y otros no media un abismo, sino una frontera delicada, hecha de pequeñas decisiones y, sobre todo, de una forma concreta de mirar.

Para mí, esa diferencia empieza cuando el despertador aún no es urgente, cuando me regalo unos minutos al alba. Madrugar no es un sacrificio; es mi pacto con la calma. Siempre he sido de mañanas. Las calles, todavía en penumbra, guardan un silencio que no pesa. En casa, el primer café sabe distinto cuando no hay prisa: es un café que no empuja, que no exige, que simplemente acompaña. Ahí, en esa quietud, ya se decide mucho del día.

Luego llega la vida, claro. La vida con su ritmo de madre trabajadora, con sus listas invisibles, sus........

© La Opinión de Murcia