Lo que resiste al olvido |
Revisar fotos antiguas es abrir una puerta sencilla, nada pretenciosa, al pasado. Empiezas buscando una imagen concreta —esa en la que crees que tu sonrisa se parece a la de tu hija— y, sin darte cuenta, te quedas atrapada entre gestos, miradas y escenas que parecían olvidadas. Es entonces cuando la búsqueda cambia de sentido. Ya no se trata sólo de confirmar un parecido, sino de descubrir cómo, de alguna forma misteriosa y, a la vez, profundamente corriente y ordinaria el ayer vuelve, regresa, para emocionarte.
Las fotografías tienen una forma discreta de resistir al tiempo. No lo detienen —nada puede hacerlo—, pero lo desafían y enfrentan. Son pequeños fragmentos de vida que permanecen inmóviles mientras todo lo demás continúa.
Hay retratos que guardamos durante años sin mirarlos demasiado. Permanecen en una caja, en un álbum antiguo o en una carpeta olvidada. Pero un día cualquiera, casi por accidente, vuelven a aparecer. Entonces sucede algo extraño: ese trozo de papel se convierte en un inesperado retorno.
Regresamos a lugares que ya no son como eran. A casas donde el eco de las voces ha cambiado. A estíos que parecían interminables. Pero, sobre........