Habitar el verde |
Dos personas disfrutan de un paseo en barca en el Hyde Park de Londres / EFE/Andy Rain
Hay algo que hacemos casi sin darnos cuenta cuando viajamos. Además de visitar monumentos, museos o plazas emblemáticas, buscamos un parque. Un jardín. Un paraje donde sentarnos unos minutos y sentir que la ciudad suaviza su ritmo. Lo hacemos especialmente cuando viajamos con niños, porque sabemos que necesitan correr, tocar, explorar y jugar. Pero también por nosotros mismos. Porque, en el fondo, todos necesitamos un lugar donde respirar.
En muchas de esas escapadas hay algo que siempre me llama la atención. Allí, donde el invierno es más largo, donde la lluvia aparece con frecuencia y donde las temperaturas invitan menos al exterior que en nuestras latitudes, la gente parece haber aprendido a vivir más cerca de la naturaleza.
No esperan a que llegue el día perfecto. No necesitan un sol radiante para ocupar los parques, los jardines o los senderos urbanos. Simplemente salen. Pasean, leen, conversan, juegan con sus hijos o........