A mis amistades |
Conozco a mucha gente de mi generación y generaciones anteriores que presume de sentirse, encontrarse y actuar como cuando tenía veinte años. Y aunque, a priori, pueda parece algo favorable y propicio —por aquello de mantenerse joven de espíritu—, nada más lejos de la realidad: la experiencia y la madurez traen consigo numerosas cualidades, excelencias y virtudes de las que uno carece en su mocedad y lozanía.
Hasta los sentimientos cambian de intensidad con los años. Así, por ejemplo, cuando uno es joven bien puede corear aquello que cantaba Roberto Carlos: «Yo quisiera tener un millón de amigos y así más fuerte poder cantar». Y es que, por esos entonces, el vigor, el ímpetu y el nervio nos vienen dados del grupo, por ese sentimiento de pertenencia y participación.
Es en esta edad, difusa, luminosa e irrepetible, en la que la amistad se vive........