Mi casa

Sueños, con los ojos abiertos y cerrados. Sonrisas a lo largo de los largos días de verano. Momentos muy previsibles y otros nunca esperados. Olores a tierra mojada y a los platos que jalonaban el día gracias a las manos de tu madre. Tu padre siempre dispuesto a que no te aburrieras.

La puerta abierta. Las dos. Por la que pasaba el ganado y por la otra, la nueva, donde una pequeña ventanita permitía acceder al pomo por dentro, pues el pestillo nunca estaba echado. Todo el mundo sabía que era bien........

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