Como una tumba |
Proscrito porque le vieron hablar con los socialistas, lo único positivo de su día más negro fue que se sintió arropado. El cortejo fúnebre, que llevaba a su mujer en su último viaje, cortó, incluso, las carreteras hacia el camposanto. Una muchedumbre dio el último adiós a su esposa, que también había sufrido el «apartheid» del que en su día fue otro de los alcaldes populares.
Veinte años tras dejar el cargo. Dos décadas mano sobre mano porque cometió la torpeza de buscar amigos a diestra y siniestra para recomponer su vida. Una existencia que se va por la borda, con su principal apoyo ya descansando.
Uno a uno le iban dando el pésame, como único saludo sincero posible. Hacía tiempo que en aquella pequeña localidad murciana no estaba permitido cuestionar a los que ocupaban el Consistorio y menos aún fomentar la participación ciudadana y menos aún asistir a cualquier acto que cuestionara la opinión mayoritaria del pleno municipal.
Solo algunos valientes, por lo bajini y mirando a la puerta del bar para vigilar quién entraba, se atrevían a criticar el dispendio en fiestas y procesiones. Barra libre con el dinero de los lugareños para montar cada fin de semana el correspondiente circo.
Nadie podía comentar el último enchufe en el Ayuntamiento, que estaba a punto de cortocircuitar. Todos de la misma cuerda que, desde tiempos inmemoriales, mandan en el pueblo. Ya saben, terratenientes, grandes empresarios y gente de buen vivir.
Apesadumbrado, rodeado de dolor, sintió el calor de sus vecinos e, incluso, pensó que compartían el pésame de forma sincera.
Dos meses después, como culmen de su abatimiento, sufrió un ictus al constatar que aquellas manifestaciones de solidaridad en el funeral solo habían sido buenas palabras protocolarias.
La vida seguía en silencio. Con la cabeza gacha. Todos, se consoló desde el hospital, muertos en vida porque nadie es capaz de abrir la boca ni para hablar o toser a nadie. Todos desposeídos de su condición de ciudadano. Aguantando carros y caretas. Ay de aquel que se mueva. No saldrá en la foto y será retratado... sin cabeza para siempre.
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Participación ciudadana