Vivir es saber trascenderte |
Fiesta de jubilación de Alfonso Durán López / Juan Ballester
No suelo asistir a despedidas por jubilación (de hecho, tampoco asistí a la mía), pero hace unos días, mis antiguos compañeros de la Brigada de Policía Científica en la Jefatura Superior de Policía de Murcia se pusieron en contacto conmigo para anunciarme la inminente jubilación de Alfonso Durán López (inspector y actual jefe del Grupo de Reseñas e Identificación en dicha Brigada), así como para invitarme a asistir a la comida de despedida que le estaban preparando. Ni que decir tiene que acepté inmediatamente y, si lo hice, si en esta ocasión me salté mis propias reglas, fue precisamente porque no hace mucho tiempo y con motivo de un juicio en el que me enfrentaba como perito a mis antiguos compañeros de profesión, Alfonso y yo discutimos de una forma bastante agria y hasta desagradable en relación con aquellas opiniones profesionales enfrentadas que habíamos defendido en sede judicial.
Es verdad que un poco tiempo después las circunstancias confluyeron para juntarnos en una cafetería y ambos aprovechamos el momento para bajar el ‘tono’ de aquel desencuentro que nos había separado. Y es que, cuando dos personas discuten, no hay nada mejor que un cara a cara entre ambas; sólo con la mirada y el timbre suave de la voz es suficiente para poder retornar al punto de partida que nos distanció.
Compromiso sin soberbia
Además, en aquel encuentro, aparentemente trivial, también pudimos los dos comprender que la vehemencia con la que defendimos nuestras posturas no nacía de la soberbia, sino del compromiso con aquello que cada cual consideraba verdad. Y es que, en nuestra profesión, donde cada conclusión puede afectar al destino de otros, la convicción se convierte casi en una obligación moral.
Por todo ello, creo que acudir a su despedida era, no sólo una forma de agradecimiento personal y de acercamiento al compañero, sino también de sincero reconocimiento a su indiscutible valor profesional. Al final, cuando se apagan las luces del servicio y el tiempo pone cada cosa en su sitio, lo que permanece es el respeto compartido y la certeza de haber servido, cada uno a su manera, a una misma y noble causa.
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