We use cookies to provide some features and experiences in QOSHE

More information  .  Close
Aa Aa Aa
- A +

Oído para la tragedia

1 0 0
19.02.2019

Perder el oído para las tragedias lleva a repetirlas. Desde el punto de vista moral, facilita echar las culpas a algunos de los actores, cuando una buena sensibilidad mostraría que todo iba regido por el automatismo despiadado del destino. La tragedia es una de las perspectivas desde la que mostrar la finitud humana, y olvidar que existe debilita el juicio moral, ya de por sí siempre sospechoso. Pero sobre todo debilita el juicio político y proyecta sobre los pueblos la atmósfera tenebrosa de los psiquismos inestables. Escuchando a Casado estos días atrás he tenido la impresión no sólo de que está dominado por exageraciones dogmáticas, sino de que no tiene la menor idea de las consecuencias potencialmente trágicas de sus palabras. En mi opinión, tener oído para las tragedias es una cualidad que debería acreditar todo aspirante a político.

Sabemos que el dispositivo que prepara las tragedias es siempre el mismo: el misterio del tiempo. Cualquiera que mire los últimos años de España apreciará que todo ha echado a rodar con ese automatismo que escapa a la voluntad de los actores. No es que esté fuera de control. Es que lleva su propia lógica, que no es la propia de los humanos, que se les impone ineluctable. Por eso lo último que puede emerger de la situación que ha llevado a la convocatoria de Elecciones generales es el reproche. Lo mejor es que llevara al pueblo español a una reflexión presidida por la sensibilidad para la tragedia. El último whatsapp de la vicepresidenta Calvo a Aragonés y Artadi, tenía algo de esa sequedad con que se despiden los mariscales de campo antes de dar la orden de ataque. Con buen sentido se evadieron los reproches. La pregunta es: ¿Podían hacer otra cosa ambos actores?

No. ¿Cómo dejar de hablar de autodeterminación cuando el día antes se iniciaba el juicio contra todo el Consell de la Generalitat y la presidenta del Parlament? ¿Cabía una sentencia más dura contra ellos que decirles........

© La Opinión de Murcia