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La patria europea

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23.05.2019

El domingo Massimo Cacciari escribía en L'Espresso un artículo titulado Patria Europea donde planteaba la cuestión de si Europa podía ser una patria. Él cree que hay necesidades sentimentales de identificación que van más allá de las dimensiones racionales de la vida. Desde estas, resulta claro que entramos en una época de grandes espacios políticos y será inevitable que estas grandes unidades homogéneas mundiales generen aspiraciones imperialistas.

Si Europa se disuelve en pequeños países, será víctima inevitable de aquellas. Pero nadie se fía de los argumentos unilateralmente racionales. El naufragio británico lo ha demostrado. Los republicanos racionales de Weimar sabían que el final de su democracia llevaría a la tragedia. Eso no generó energías suficientes para evitar el abismo.

Lo mismo sucede hoy. Si alguien quiere ser una nación autodeterminada, que se mida con China o con India, porque esos son los parámetros. Hace dos siglos se podía soñar en fundar una nación es una esquina del mundo, pensando estar a salvo de los poderosos. Hoy eso no funciona. Los poderosos están equidistantes y ya no hay esquinas. El camino racional es mantenerse unidos en federaciones firmes.

Ese camino será transitable en la medida en que no se vean heridos los sentimientos. En situaciones de estrés, en esas épocas intermedias en las que nacen los monstruos, nada más sensible que la piel. Cacciari tiene razón. La política no será nunca un mero 'calculemos'.

La teoría de la decisión racional, que la ideología neoliberal quiere imponernos como modelo, parece la más inhumana de las utopías. Quizá se adelante por un siglo a un mundo en el que todo esté mecanizado, cuando los humanos tengamos que atenernos al frío corazón de las máquinas, como antes, en el fordismo, ya adaptamos nuestros cuerpos a sus engranajes. Mientras, nadie parece dispuesto a seguir ese camino.

El problema comienza ahí. «Grandes mitos han habitado siempre........

© La Opinión de Murcia