No solo son piernas

Aurélien Tchouaméni lamenta el gol encajado ante el Getafe el encuentro de Liga en el Santiago Bernabéu. / Juanjo Martín / EFE

Decía Rafaelillo, torero murciano de enorme mérito, que para quedarse quieto delante del toro había que correr mucho. Y esta aparente paradoja resume facetas y esencias de nuestra vida como seres humanos.

Reflexionar y actuar o actuar y reflexionar. ¿Qué es antes? La propia vida nos enseña que no hay meta sin camino ni caminos sin final. Filosofaba el torero que hay que entrenar mucho para aguantar impávido cualquier embestida de la vida, en la seguridad de que tenemos facultades para salir del lío. Como consecuencia de unas buenas piernas, la mente se siente poderosa. Y la moral, por las nubes.

En el fútbol no es distinto. Anda el Madrid la senda de reencontrar sus esencias extraviadas. Las que le dieron fama. Las que sintetizan lo que siempre fue en su centenaria y gloriosa existencia. Calidad, garra y un carácter indomable. “Esta camiseta y este escudo exigen ganar siempre”, dicen quienes fueron merengues legendarios sobre el césped. Pero eso mismo lo esparcen al viento jugadores de cualquier equipo grande. En España también Barça y Atlético y en Europa Bayern, Liverpool, los Manchester, los milaneses o ahora PSG y Arsenal. Lo que no aclaran, quizá porque está implícito en el éxito, y esa es la clave, es que en el triunfo hay mucho trabajo previo. Levantar el trofeo solo es la punta del iceberg. El soporte está debajo, aunque no se vea.

Arbeloa tiene en el juvenil Pitarch su piedra angular en el centro del campo. Quien equilibra y contagia entusiasmo. Quien corre en todas direcciones, pero esencialmente en horizontal para coser al equipo. Tchouaméni repele y corta; Güler y Valverde recuperan, filtran, llegan y hasta golea el uruguayo; pero Pitarch, quien no tiene especialidad, siempre está. Recupera, sirve, apoya, se ofrece constantemente y cubre las espaldas de sus compañeros de línea. El comodín de confianza.

Aun con características individuales distintas, me recuerda al blaugrana Gavi antes de la lesión. Aquel a quien llevó Luis Enrique a la selección con tan solo diecisiete años para sorpresa, asombro y críticas de la mayoría.

Y ambos, aun salvando también diferentes calidades y distancias,rememoran a Asensi, Víctor Muñoz o Tente Sánchez de los Barcelonas de Cruyff y Schuster, al Adelardo currantedel Atleti añejoy a losactuales Koke y Barrios, o a los antiguos Pirri, Grande, Stielike e incluso Makelele que vistieron de blanco.

Ya sé que son incomparables por dispares, pero coinciden en ser imprescindibles en el trabajo generoso y en los éxitos de sus respectivos equipos. Esos “chepaos” que según Juan Manuel Asensi requería siempre en sus plantillas uno de sus numerosos técnicos, por la incipiente medio joroba que apuntaban sus espaldas y era sinónimo de grandes pulmones y voluntad de hierro. Aquellos segundones de lujo sin cuya presencia no se explican las estrellas fulgurantes ni los triunfos regulares de los grandes clubes.

Y a todo esto, como apuntábamos y para nuestro gozo, Barça, Madrid y Atlético han pasado a cuartos de Champions poniéndonos por encima de la rutilante Premier. Tener a tres de los ocho mejores equipos europeos contrasta con la opinión mayoritaria de que la liga inglesa es la mejor del mundo. Y no les falta razón en cuanto a competitividad y calidad general, con clubes que rozando el descenso a segunda le juegan de tú a tú a Arsenal, City y compañía, pero nuestres tres grandes están un escalón por encima de la mayoría de escuadras de la Premier. Es más, hasta nuestros clubes medianos y modestos mojan la oreja a sus homónimos europeos como demuestran este año Betis, Celta y Rayo

Punto y aparte para los vallecanos del discutido presidente Martín Presa. Algo bueno tendrá el hombre cuando acierta siempre con sus técnicos y plantillas. Con presupuestos bajos y medios precarios, tanto el anterior Iraola como el actual Íñigo Pérez han otorgado al Rayo una vistosa competitividad, asentándolo en Primera, que contrasta con las críticas de la afición rayista al dueño del club. Por ejemplo, ayer merecieron sobradamente puntuar en Can Barça.

En el fútbol, como en la vida, no todo es dinero, grandes estadios ni poder mediático. Tampoco nombres ni apellidos ilustres.

Verbigracia. Ahora regresa Bellingham al Madrid. Cuidadín, Arbeloa, es un gran jugador que golea y también lucha, pero no regresemos la burra al trigo. Mejor, en vez de hacia lo fácil — Pitarch— mira para otro lado.

Además, aunque no todo sean piernas —antes están las tres ces—, lo que funciona no se cambia.


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