Las arriesgadas mantas cortas |
Vinicíus, durante el Real Madrid-Benfica. / AFP7 vía Europa Press
Para exponer ideas hay que bajar la guardia de la discreción. Hablas y hablas y dices tanto lo que eres como lo que no eres. Es decir, conforme afirmas, desnudas tu interior y tu verdadero yo. Y ese viaje significa ser tan valiente como seguro estés de ti mismo. Y tan generoso.
El Barça tiene tanta capacidad de golear como debilidad atrás. Y el Atlético de Simeone en versión clásica es rácano en ataque, pero muy seguro atrás. Lo que no sabremos hasta el martes es qué versión atlética veremos en el Camp Nou. Porque, últimamente, el enrazado técnico argentino tiene un guardarropas tan variado que es difícil anticipar qué traje lucirá cada día. Y quizá en ese amplio abanico de posibilidades radique la irregularidad de esta temporada.
Ocurre con frecuencia. Si vas a una tienda de pocos productos te arreglas pronto. Pero yendo a un gran supermercado puedes aturullarte con tantas ofertas donde elegir y empiezan los dolores de cabeza. Sobre todo, en personas indecisas.
Y no sé si calificar a Simeone de indeciso sea lo correcto. También puede que solo sea un probón. El martes, en uno de los mejores partidos de lo que nos resta de temporada, saldremos de dudas. El Atlético exquisito de sus futbolistas de esmoquin o el aguerrido de sus espartanos, que también los tiene. Lo peor sería el de mitad y mitad porque tales elementos no suelen mezclar bien. No vale con aguerridos atrás y estilistas arriba. Estos necesitan balones con mimo y no a las bravas. Y, encima, enfrente tenemos otro tobogán ruso.
El Barça de Flick puede golear, y suele hacerlo, pero también deja media docena de ocasiones por partido para hacerles descosidos. De hecho, como aquel viejo concepto conventual de que ni un día sin afán, los culés tampoco acostumbran partidos sin recibir uno o varios goles. Esa es la diversión de verlos jugar, pero también su mayor debilidad cuando no aciertan arriba. En uno de esos casos sucedió la goleada copera sufrida en el Metropolitano frente a, ese día sí, los artistas atacantes que Simeone baraja este año. Bastó media parte de conjunción de astros colchoneros para hacerle cuatro al Barça.
Pero no se engañen. Dadas sus respectivas características, el Barça puede lograr cuatro, cinco o más goles, pero es más probable que los colchoneros marquen alguno. Esa es su ventaja.
Además, unos y otros lucen verdaderos depredadores atacantes. Sorloth y Lamine han afinado la puntería y son los goleadores que prometían. Solo faltaría que quienes les acompañan estuvieran finos el martes para que asistamos a otra de aquellas viejas noches históricas de atléticos y barcelonistas con resultados de hace tres cuartos de siglo. Si Raphinha, Julián Álvarez, Ferrán, Griezmann o Fermín están acertados, sin olvidar a Lookman, Olmo o Giuliano, podríamos asistir a un seis a cuatro o a un cinco a cinco, por decir algo.
Como también podría suceder un cinco a uno, con prórroga a continuación, o un dos a tres o a cuatro para gloria colchonera, si se desequilibra en exceso el acierto goleador de unos u otros. Aunque aquí cabe una matización. La defensa de Simeone, con Pubill —ojo a este espigado defensa ex almeriense, que puede ser novedad en la próxima convocatoria de Luis de La Fuente y apunta a mundialista— y Hanko en medio, es más fiable que cualquier pareja de centrales que pueda alinear Flick. En los laterales y portería la cosa se iguala, con ventaja azulgrana en los medios centro. La solución a tal sudoku, el martes noche, que puede tener su continuidad en Champions con un más que probable cruce en cuartos entre barcelonistas y madrileños.
A la expectativa estarán Arbeloa y sus jugadores, porque el otro gran partido que nos espera esta temporada es el Barça/Madrid de liga, que podría sentenciar el título si merengues y culés no fallan antes. Van camino de eso, salvo que se empecinen en repetir petardazos ligueros como los que ya han protagonizado. Aparte, podrían tener ciertas similitudes porque los blancos también son más fuertes arriba que antes. Lo confirma el renacido Vinicius como goleador.
Así que goles son amores en fútbol. Y también tragedia cuando quienes atinan son los otros. Por eso, y por las montañas rusas madridista y blaugrana, se puede añadir que quien a goles mata, a goles muere.
El fútbol no deja de ser una manta corta. Si te tapas la cabeza, desnudas los pies y constipado al canto.