Apostar a joven para ganar futuro

Fede Valverde celebra uno de sus goles contra el Manchester City. / DPA vía Europa Press

Al temor de tomar decisiones perentorias en la vida entre incertidumbres se le llama BANI en las escuelas de negocios, que es el acrónimo en inglés para referirse a dirigir con entornos frágiles, ansiosos, ilógicos e incomprensibles.

Es decir, cuando debemos decidir sobre cosas vitales sin tiempo para planificar estrategias a medio y largo plazo que nos puedan alumbrar cómo y hacia dónde vamos. El vértigo de la improvisación que tanto angustia cuando nos jugamos lo importante.

Arbeloa vive en ese vertiginoso tobogán desde que fue llamado a filas para relevar a XabiAlonso, sin tiempo para nada que no sea tirar hacia adelante con los alicaídos mimbres que todo un Real Madrid puso en sus inexpertas manos. Y creo que está acertando por dos detalles no menores. El primero versa sobre no morder la poderosa mano que le da de comer. Defender a capa y espada a Florentino Pérez, con quien se puede estar o no de acuerdo, le ha llevado hasta la genuflexión verbal afirmando que criticar al capo blanco es de antimadridistas. Y el segundo detalle, curiosamente, es adoptar el consejo de Guardiola no seguido por Xabi en su momento de “mear con la suya”.

Así, para contentar al jefe supremo, ha elevado con éxito a los altares de los indiscutibles a las vacas sagradas del vestuario. Vinicius es dios y Valverde su profeta. Y para ser coherente consigo mismo, también ha soltado sin riendas por el césped a sus canteranos de cabecera. Los Pitarch —vaya futuro tiene— y compañía han evidenciado ante el duro tribunal del Bernabéu que en Valdebebas también hay vida, más allá de la rutilante Masía azulgrana. Pero es que, además, a rebufo de la semana fantástica de Arbeloa, se ha sumado el acierto de Güler,Brahim, Rúdiger, Huijsen y hasta Fran García, con el salvador de siempre Courtois y sus paradas imposibles.

A destacar, el golazo de Valverde al City, emulando a Pelé en Méjico-70, y el de Güler al Elche superando el no gol de Pelé en el mismo Mundial.

Veremos qué sucede con unos y con otros cuando Mbappé crea que su Mundial no peligra y vuelva o cuando regrese Bellingham de su enésima ausencia. Sin olvidar que el dedo supremo del palco señale que su otro fichaje supuestamente estratégico, Mastantuono, debe sumarse también a la fiesta. Porque, deducimos, la palabra de don Florentino es ley para un Arbeloa que tiene asumido su modesta labor de funcionario del club para lo que haga falta.

No obstante, quienes gozamos del fútbol joven, ansiamos que la valiente apuesta de Arbeloa por los canteranos blancos fructifique mediante el logro de alguna de las dos competiciones que aún pelea. Conquistar Liga o Champions, o disputarlas con posibilidades y orgullo hasta el final, sería un refrendo para el salmantino y, probablemente, podría sacarlo del saco grisáceo de ser solo un parche hasta la llegada del siguiente ilustre al banquillo blanco, con el tan deseado como lejano Klopp y el controvertido Mourinho en lontananza, sin olvidar a algún que otro italiano de los que pululan por ahí con más verborrea que aciertos.

Mientras, la Premier y la liga francesa la encabezan cuatro técnicos españoles: Arteta, Guardiola, Emery y Luis Enrique. Sumando que el despreciado Xabi Alonso aterrizará pronto en Liverpool con mando en plaza para reflotar al legendario club inglés, como hizo en el Bayern Leverkusen, no de probo empleado como quería Pérez en el Madrid.

Entretanto, Simeone y su Atlético están cerca de cumplir un buen año, como decíamos. A punto de asegurar el tercer puesto, acorde con el tercer presupuesto liguero, y con un pie en cuartos de Champions. Cuanto consigan de más serán adornos. El más lucido sería poder con el Barça en Champions, si los culés también consiguen estar entre los ocho mejores de Europa. Otra eliminatoria incierta por el reciente cruce en semis de la Copa, con triunfo colchonero, frente a la teórica superioridad azulgrana.

Y el joven Barça de Flick a lo suyo. Desahogado en liga, luciendo nuevos canteranos, recuperando jugadores y soñando poder con el Arsenal en una posible semifinal de Champions para optar a encumbrarse en Europa. Sería su fielato existencial. Mientras no gane una Champions, Flick no cuajará en grande blaugrana ni Laporta habrá logrado otro Barça legendario.

Optar por la juventud es vistoso, asegura futuro y a muchos nos llena. Pero, tome nota también Arbeloa, sin el pelo de los trofeos tampoco hay alegría.


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