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Flores que flotan en el agua

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Encuentro del monstruo con la pequeña María. Frankenstein, James Wahle, 1931 / L.O.

En 1931 el director James Wahle imaginó el encuentro del extraño ser que había sido creado por el barón Frankenstein con una niña que lanzaba flores al agua. La flores no se hundían sino que de alguna forma navegaban como maravillosos bajeles en un reino de hadas, la belleza no se extinguía nunca. La niña y la criatura sin nombre jugaron juntos. Acaso ella también flotaría o caminaría sobre las aguas o respiraría bajo ellas, como sucede de continuo en los sueños. El primer homicidio cometido por un desconocido sin nombre sólo fue un juego nacido bajo el imperio de la imaginación. La niña se llamaba María.

Hasta hace un momento el escaso terreno que estaba mirando apenas era un solar castigado por el abandono, descuidado, un simple vertedero ocasional. Marcas de neumáticos lo cruzaban como si fueran heridas sobre el cadáver de un enemigo vencido. Ahora la lluvia lo ha desdibujado todo, ha difuminado el contorno de su tierra muerta. Como por arte de encantamiento, todo se ha vuelto horizontal, llano. Los impactos del agua provocan ondas concéntricas que se extienden, independientes, pero que se cortan entre sí y forman una inusitada combinación de círculos........

© La Opinión de Murcia