No ganamos para disgustos
El ex DAO de la Policía, José Ángel González. / Moncloa - Archivo
Hay situaciones que no se pueden evitar, un caso fortuito o una fuerza mayor, como las riadas. Pero hay muchas otras, que sí se podían haber evitado, como los accidentes por imprudencia o negligencia, o si se hubiera vigilado o elegido adecuadamente.
No ganamos para sustos y disgustos los ciudadanos de a pie, mientras los causantes no asumen su responsabilidad. Nada les afecta, su piel de elefante lo aguanta todo. Ellos jamás tienen la culpa de nada. Ellos jamás se enteran de nada. Ellos siempre han actuado pronto y bien.
Empezando por no enterarse de nada de lo que sucede en tu entorno, agresiones sexuales y dinero en bolsas o en Suiza o Sudamérica incluidos. Siguiendo por el viaje en un Peugeot recorriendo toda España (lo que ahora también quiere hacer, curiosamente, uno de los que no quieren pertenecer a la misma, y que ya lleva no sé cuántos años viviendo en Madrid, a pesar de ser independentista catalán, Rufián) con tres personas, que han sido encarceladas, uno antes y otros ahora, y lo que les queda, si les condenan. Dos de ellos eran su mano derecha, el tercero era el servicial ejecutor de las necesidades de los otros tres. Para unos, era el dinero, para otro las mujeres, y para el tercero (el uno) meter votos en urnas en las primarias para que ganase, según cuentan. Pues de nada de esto se enteraba, ni siquiera del presunto amaño de las elecciones donde salió elegido candidato de su partido. Y por supuesto de los negocios de los suyos más cercanos, de la afición al dinero o al sexo, tampoco.
Lo último de no enterarse de nada, esta vez por un ministro, es lo sucedido con el número dos de uniforme de la policía nacional, que ha sido denunciado por una subordinada por agresión sexual. El 17 de marzo declarará judicialmente, o no, si se acoge a ese derecho, como está de moda últimamente. Y el ministro del ramo sin enterarse de nada, a pesar de ser su mano derecha y llevar el asunto sucediendo durante meses, dicen. Es increíble si no fuera patético, sobre todo porque al parecer se trató de comprar el silencio de la querellante por otro mando cercano al ministro y al querellado, ofreciéndole el destino que quisiera policialmente.
El presidente del gobierno creo que no sabe derecho -pues lo más cercano que lo ha visto, por ahora, ha sido para criticar a los jueces-, por eso quizás no sepa lo que es la culpa ‘in vigilando’ y ‘la in eligendo’, pero el ministro del Interior (al igual que la De defensa) sí sabe de qué va esto, y conoce a la perfección que hay autores materiales y otros por cooperación necesaria, y que existen esas culpas, que no solo te pueden incapacitar para seguir en tu puesto -porque si no te enteras de lo que pasa en tu casa qué posibilidad hay de que te enteres de lo que sucede en tu edificio- sino que, incluso, pueden hacer responsable subsidiario civilmente al ministerio de los daños ocasionados por ese que está bajo tu mando, y al que deberías haber vigilado o elegido adecuadamente, para que no se dieran esos actos presuntamente delictivos. Presunta agresión sexual con abuso de autoridad.
Pero no pasa nada, nadie se entera de nada. En base a esa inocente ignorancia, el presidente del gobierno no renuncia ni convoca elecciones generales anticipadas. Hago aquí un paréntesis para santiguarme por la osadía de haber culpado a un muerto de la pérdida de las elecciones en Aragón y por seguir pagando todos a un Tezanos y sus encuestas fantasmagóricas. Decía que que dicho presidente no se vaya lo entiendo, porque no tiene un puesto de trabajo que le compense, es decir, no tiene donde ir laboralmente, si deja de ser presidente. Pero los otros dos ministros citados pueden volver a ser jueces -pasado un tiempo, eso sí-, para seguir trabajando honradamente.
Aquí no dimite ni el Tato, salvo el policía querellado, porque presuntamente en abril del año 2025 cometió ese delito. Partiendo de la presunción de inocencia, está claro que otra vez la jodienda no tiene enmienda. Pero si es sin conformidad de la víctima, con violencia física o psíquica, o abuso de superioridad, la cuestión es delictiva. Si encima es en un piso que pagamos todos los españoles, la poca vergüenza alcanza grado superlativo. Como cuando al demérito le pagábamos sus devaneos. E incluso han contado que se compró el silencio de una de sus conquistas, con dinero de todos, hasta que salió su hijo en TV contando que había fotos y vídeos.
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