Una sonrisa sobrecogedora
Mi tía Anita era de Ceuta. Siempre hablaba de su tierra con adoración. En las temporadas que pasé más próximo a ella nunca llegó a coger el barco para volver sobre sus pasos que inexorablemente quedaron atrás. El imán de su recuerdo me ha llevado a seguir con mayor afán y enorme pesar las secuencias vividas en torno al puerto y a la ladera del Hacho. Habrá que remontarse como casi siempre a los romanos y avistar los siete montes de la región con sus pertinentes montículos simétricos al estilo de siete hermanos para colegir que de ‘septem’ se llegó al topónimo en cuestión. Desbordamiento de hermanos en complicada hermandad con la situación que les rodea.
En medio del pertinaz aroma a desastre emerge a las primeras de cambio la figura de Faten Ben Omar el Azizi, una chavala........
