Saborear o pensar
Saborear o pensar
Nuestra primera reacción es instintiva, emocional. Nos gusta o nos desagrada, nos atrae o nos repele, nos tranquiliza o nos asusta, nos entusiasma o nos deprime. Como si estuviéramos obligados a saborear antes de opinar. Luego aplicamos criterios de conveniencia: nos es útil, nos interesa, nos beneficia o nos perjudica, etc. Y si acaso, en última instancia, nos distanciamos de nuestras circunstancias personales y nos esforzamos en ver las cosas con objetividad más allá de que encajen con nuestras ideas o las desbaraten.
Ahora se acaba de publicar un libro que corrobora esta idea de que nuestras opiniones no nacen de la reflexión, sino de los instintos. En el debate público solemos creer que somos jueces imparciales que analizan datos antes de decidir, pero la realidad, según expone Leor Zmigrod en El cerebro ideológico, es que........
