Pasión por la escultura |
Imagen del Cristo de las Almas. / Joaquín Zamora
Hace bastantes años, en mi infancia, la escultura pasional fue el inicio de mi andadura por los derroteros artísticos. El germen de una evolución cultural, artística y sensitiva que ha ido madurando en mí a la par que mi propia persona. Fascinado por la obra de nuestro más universal escultor, Francisco Salzillo, fui ampliando conocimientos y referencias; también amigos y conocidos que han hecho de la talla en madera el motor de su vida y la pasión esencial dentro de ésta. Siendo un niño de doce años me presenté en el taller de Francico Liza, en Guadalupe de Maciascoque -sin haber dicho nada a mis padres y "habiéndome escapado" esa mañana con mi bicicleta hasta el lugar-. Me abrió la puerta el propio escultor, me presenté y le dije: "Quiero ser escultor como usted" (con toda la seriedad posible de mi corta edad). Ahí comenzó una entrañable relación de muchos años que guardo, de forma preciada, entre los más valiosos recuerdos y vivencias. Manifiesto aquí esta singular anécdota biográfica para que se entienda mejor, a pesar de no haberme dedicado a la imaginería, lo importante que ha sido ésta en mi vida; tanto a nivel personal como profesional.
Lo anteriormente relatado se remonta a la década de los noventa del pasado siglo XX. En esos años no abundaban los escultores imagineros en nuestra Región ni en las limítrofes. El propio maestro Liza se lamentaba, con añoranza, de su juventud en una Murcia con numerosos talleres repletos de aprendices voraces. En aquellas fechas parecía difícil que surgiera una nueva generación de escultores que continuaran, con calidad, un arte que se pierde, prácticamente, en la niebla de los tiempos. En esa necesidad y búsqueda de hacer tangible lo trascendente, lo divino. Sin embargo, esa nueva generación o relevo ha sido, afortunadamente, una feliz realidad.
Solo mirando en la última década podemos apreciar una notable presencia de nuevos imagineros que están realizando obras de gran calidad. Imágenes que van poblando y completando nuestros templos y desfiles penitenciales. El escultor-imaginero (que no es lo mismo que el únicamente escultor) se diferencia, esencialmente, de otro tipo de escultores en que su principal material es la talla en madera policromada; y, por encima de todo, en que sus obras terminarán formando parte de la fe, tradiciones e idiosincrasia de un colectivo grande de la sociedad. Un imaginero debe de infundir un "alma" especial a sus creaciones que conduzca hacia la emoción, la piedad y nazca un sentimiento religioso presente más allá de las palabras. De esta forma, en los últimos años han despuntando artistas, diversos entre ellos, como Antonio Jesús Yuste, en Cieza; Molina Palazón, en Blanca; Antonio Castaño, en Guadalupe; Ramón Cuenca, en la vecina Cox; o los hermanos Martínez Cava, en Murcia ciudad, entre otros.
Estos últimos, Juan y Sebastián Martínez Cava, realizaron, el pasado año, una entrada triunfal en la imaginería procesional de nuestra ciudad con el paso del Cristo de las Almas, obra realizada para la cofradía del Santísimo Cristo de la Esperanza o "verde murciano" en la hermosa tarde del Domingo de Ramos. Un conjunto pasional que es un antes y después dentro de su carrera; una obra que llegó, desde el primer momento, para quedarse en el corazón y la retina de muchos murcianos. Los "hermanos Cava" empezaron, siendo niños, copiando y haciendo reproducciones de las imágenes que poblaban su entorno y corazón. Una afición que trasformaron, posteriormente, con inteligencia y trabajo, en piezas de gran calidad que fueron enamorando y despertando la admiración de muchos. Los que conocemos sus obras de pequeño formato nos hemos sorprendido, en numerosas ocasiones, con la minuciosidad técnica de éstas; también con los acabados en policromía y postizos siempre de un cuidado exquisito. En los últimos años, empezaron a trabajar en obras de mayor escala con la misma calidad y excelencia que habían demostrado en las pequeñas esculturas. Como no mencionar la preciosa Virgen de la Aurora de Lorca, o el portentoso San José tallado para Almería ciudad. Hace tan solo unos días, han presentado en Orihuela una Magdalena, al pie del Cristo de la Agonía de Salzillo, que ha venido a reparar la gran ausencia que, desde la Guerra Civil, tenía esta composición única del genio barroco. Salzillo ha tenido, desde su muerte, numerosos imitadores y continuadores; pero me atrevo a decir que nadie, en casi docientos cincuenta años, ha copiado de forma tan genial la esencia salzillesca como ellos.
Mañana volverá a desfilar el Cristo de las Almas por nuestras calles, contemplarlo -es seguro- volverá a emocionar. Enhorabuena a los hermanos Cava por haber cumplido su sueño y a todos los creadores que no tienen miedo de ser felizmente diferentes.
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