Luces en el cielo
El Pórtico de la Gloria de Santiago de Compostela, pintura de Jenaro Pérez Villaamil (1849, Palacio de la Moncloa, Madrid). / L. O.
Esplendía la noche como un inmenso manto negro lleno de jazmines titilantes que cubrían los ojos y el sueño. La montaña, donde el viejo ermitaño permanecía en vigilia, era una suerte de unión entre el cielo y la tierra. Más allá, donde los ojos se perdían en la vastedad del bosque, el mundo ofrecía su misterio; siempre sobrecogedor. No era una noche como las demás. No. Ardían luces misteriosas que parecían venir de todas partes y que, sin embargo, morían siempre sobre el mismo lugar; ese lugar sobre el que nunca ojos humanos parecían haberse posado con especial interés. Pelayo frotaba su rostro, nuevamente, con el asombro del que contempla sin poder creer. Estrellas parecen e insisten, como una letanía, frente a mi insignificante cueva en este rincón de Iria Flavia – se decía- ante el pavor provocado por el prodigio. Acudió el eremita, desconcertado y abrumado, en busca del obispo Teodomiro. Unos días después, y tras ayunar tres, entre la espesura de los árboles y la maleza, encontraron unas tumbas pétreas -de origen romano- que cambiarían para siempre, en gran medida, el rumbo del mundo conocido.
En el año........
