‘Alguien voló sobre el nido del cuco’
Si hay una cosa que me gusta hacer, que me sirve de oasis mental, es ver una película. No me refiero a una de Antena 3 después de comer, sino a una de esas joyas que sigues viendo en tu mente, aunque la hayas visto hace varios días. Las que, de algún modo, te hacen ver cosas que antes no veías. Que te transforman.
No creas que no me ha costado trabajo encontrar Alguien voló sobre el nido del cuco, pero ha merecido la pena sentarme a ver la historia de un criminal que urde un plan, haciéndose pasar por loco, para cumplir su pena en un psiquiátrico en vez de en la cárcel, convencido de que serán unas vacaciones.
En sus planes no contaba con la enfermera Ratched. La bruja fría, implacable y cruel que, debiendo ser quien cuide de los enfermos del psiquiátrico, los tiene atemorizados y dominados. Viendo la historia, no puedes dejar de sentir compasión por esas pobres almas, cada una con su sufrimiento particular. Todos con el denominador común de sentir terror hacia la enfermera que está a su cuidado. No creas que es violenta o gritona. Sus armas son el silencio, la disciplina fría y cruel, aleatoria. Cualquiera puede ser su blanco ese día.
Una vez dentro del psiquiátrico, Jack Nicholson es el único capaz de hacer frente a la malvada enfermera Ratched. El único que ve personas en vez de pacientes. El que nada más llegar, huele que, si hay alguien loco, es ella. Una psicópata de manual. Así que el criminal irredento, el que debía estar encerrado, es quien anima a los supuestos locos a vivir fuera de la institución, a no tener miedo, a ser libres. Casi nada.
Milos Forman no solo rodó una historia de locos. Es una lucha de un hombre que se rebela ante el sistema. No puede ganar, pero eso no le desanima, porque no es el ansia de libertad lo que le mueve (él se puede ir… cuando quiera), es la rabia y la indignación absoluta, de la injusticia caprichosa de quien se sirve de las normas para someter a su antojo a personas, a reducirlas a muñequitos a su merced. Toda la película te sientes como Jack Nicholson: puedes dejar de ver la película, pero no puedes dejar de saber qué va a ser de esos seres, solos, a merced de esa bruja.
La película es una batalla entre la vida, o más bien la alegría caótica que trae Jack Nicholson al psiquiátrico, y las normas absurdas, grises, uniformes de la enfermera Ratched.
No te diré cómo termina, aunque a estas alturas, si te gusta el cine sabrás el final, y si no te gusta te dará totalmente igual. Pero el fin de la historia te encoge el corazón por un lado, y te alivia y te da esperanza por otro.
Cuando mis hijos eran más pequeños y tropezaban con lo que para ellos era la enfermera Ratched de turno, les animábamos a afrontar aquella adversidad, por el sencillo motivo de que hay muchas enfermeras Ratched por ahí. Se la iban a encontrar mil veces, en mil ocasiones distintas, y uno no puede vivir siempre atemorizado. Podemos atrevernos a pensar que se puede volar sobre el nido del cuco.
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