Cuando la IA desata el pánico

El Gobierno de Trump declaró la guerra a una empresa norteamericana de Inteligencia Artificial llamada Anthropic al negarse esta a que su tecnología fuera utilizada para invadir la privacidad de los ciudadanos americanos o ser utilizada con fines bélicos. El cabreo del Trump y su Secretario de Defensa (un mindundi sin experiencia militar) los llevó a declarar oficialmente a la empresa como un peligro para la seguridad nacional. Por supuesto que esta ha recurrido a los tribunales una designación que la excluye de cualquier contrato con el Gobierno y la aboca al repudio por parte de empresas norteamericanas que trabajan para él.

Por eso ha sorprendido tanto la noticia, conocida hace pocos días, de que su CEO, Dario Amodei, ha sido convocado a la Casa Blanca para explicar las implicaciones para la seguridad nacional y el sistema financiero de su último modelo de IA, retirado del mercado antes de su lanzamiento definitivo por temor a las consecuencias de seguridad que hubiera acarreado su uso por parte del ejército de hackers activo a nivel planetario.

El temor parece estar bien fundado, al margen del impulso mediático que esta historia ha proporcionado a la empresa por su enorme repercusión en medios. De hecho, algunos críticos especializados en ciberseguridad niegan la mayor: que el modelo sea tan eficaz que con él se puedan penetrar los cortafuegos de las entidades financieras o de gigantes tecnológicos como Microsoft o Apple. En Anthropic presumen de haber detectado fallos de seguridad con décadas de antigüedad incrustados en algunos de estos sistemas. Otros dicen que esos fallos eran inocuos, con ninguna repercusión operativa y por eso no habían sido detectados.

Al margen de la polémica, lo que queda claro es que la IA no está afectando solo a los diseñadores gráficos o a los redactores de contenido. La realidad es que los programadores informáticos, aparentemente blindados a cualquier avance de la informática, están sufriendo despidos masivos en empresas que desarrollan código para terceros o para el mantenimiento propio de sus sistemas.

Eso sí, esto de la IA se parece cada vez más a un paraíso diseñado a medida para los hackers y los delincuentes informáticos.

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