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Absurdo tributo a la alta velocidad ferroviaria

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27.01.2026

Restos del Alvia siniestrado en la colisión con un Iryo. / EFE/ J.J. Guillen

Aún consternado, como tantas personas de bien, por los trágicos y fatales accidentes ferroviarios de Adamuz (Córdoba) y Gelida (Barcelona), me vienen a la memoria los viajes que, años ha, realizábamos en aquellos lentos e incómodos trenes con vagones de hasta tres categorías (la tercera estaba reservada al ‘pueblo llano’), con la carbonilla de la locomotora de vapor dejando un recuerdo en nuestras narices y pabellones auditivos. Viajes como los de los años 60, de Cartagena a Barcelona, en los que se invertían 24 horas de trayecto. O aquel viejo tren correo de Cartagena-Madrid, con parada en todas las estaciones, provisto además de literas, y que tardaba nada menos que 12 horas en llegar a la capital. Aquellas locomotoras de vapor fueron sustituyéndose gradualmente por las de tracción diésel. Pero hoy, como dijeran en su diálogo de la zarzuela La verbena de la Paloma’ don Sebastián y don Hilarión, «los tiempos adelantan que son una barbaridad». Y, tras aquellos vetustos trenes, llegó la fascinación por la alta velocidad ferroviaria.

Un informe de la Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal (AIReF) deja en evidencia el gasto en este tipo de trenes mientras que la red convencional ha sido ninguneada. Una cifra: entre 1990 y 2018 se invirtieron en todo el Estado 55.888 millones de euros en alta velocidad y solo 3.600 millones en cercanías y Rodalies. Para resumir, se podría decir que el 90%........

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