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Que no caigan en el olvido

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23.05.2019

Cuando Victoria Kent en 1931, como directora general de Prisiones con el Gobierno republicano de Alcalá Zamora, mandó construir la Cárcel de Ventas en Madrid, con el firme propósito de dignificar la condición de la mujer reclusa de cara a su reinserción, no podía imaginar que este recinto, construido para quinientas presas, serviría para hacinar, torturar, humillar, a más de 14.000 mujeres republicanas. Esto ocurrió desde 1939, con el triunfo del franquismo tras la Guerra Civil hasta 1969.

No se ha escrito poco sobre lo que allí dentro ocurrió, quedaron testimonios vivos para contarlo, tanto en género ensayo como literario pero, por otra parte, poco trasmitidos y conocidos.

Dulce Chacón en su novela La voz dormida, al igual que su película homónima, dirigida por Benito Zambrano, nos muestra cómo se desarrollaba la vida dentro de esta cárcel. Igualmente ocurre con Las trece Rosas de Carlos Fonseca, también llevada al cine, en esta ocasión por Martínez-Lázaro. Mujeres jóvenes y menos jóvenes, algunas con sus hijos a cuestas a los que veían morir por el hambre entre sus brazos, comparten miseria, la escasa comida, suciedad, enfermedades y sobre todo humillación. Es la cerrazón despiadada de un sistema que intenta aniquilar quienes son, lo que fueron, por qué lucharon, los ideales en los que creyeron.

Ambos testimonios muestran como las hermanas de la 'caridad' y las funcionarias de prisiones aplicaban sin pudor castigos y sanciones ante cualquier atisbo de rebeldía, de resistencia. El pecado cometido había sido la lucha por defender la república, haber militado en algún partido o sindicato de izquierdas o simplemente haber amado a sus hijos o maridos republicanos.........

© La Opinión de Murcia