Impunidad, raza y clase

Alberto S.M, el detenido por secuestrar y violar a su pareja durante dos años. / Israel Sánchez

Las agresiones sexuales atentan contra la integridad física y mental y contra la dignidad de las mujeres y deberían repugnar por igual independientemente del origen, la extracción social y el nivel económico del agresor y de la agredida, pero no es así ni de lejos.

Hay una diferencia descomunal entre la percepción de un crimen sexual cometido por un inmigrante y el mismo cometido por un natural del país, y más ahora, en estos tiempos de desafío constante de la ultraderecha con un discurso ultramontano en el que todo lo que provenga de allende nuestra frontera sur global ha de ser tomado como una amenaza. Imaginen simplemente si el caso de secuestro durante dos años, con torturas y violaciones continuadas, tan terribles que ha llegado a perder la visión de un ojo, cometido contra una mujer marroquí por un vecino de San José de la Vega hubiera sido justo al contrario: que la agredida hubiera sido murciana y el agresor magrebí. Por mucho menos se encendió la mecha del pogromo vergonzoso que tuvo lugar en Torre Pacheco. Sin motivo ninguno, nos llegan todos los días bulos en los que se nos advierte de que los inmigrantes vienen al país a robar y a violar. Son culpables antes de empezar a hablar. Son pre........

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