Vecinos, no fantasmas |
En el patio del colegio la política entra por el oído. Doble fila, mochilas y un padre que abre el móvil como quien abre la nevera, no sabe qué busca pero necesita confirmarlo. La doble fila nos retrata, incumplimos con cortesía y luego pedimos ejemplaridad. El médico no da abasto, el alquiler muerde. Alguien suelta el palabro: inmigración. Y la conversación se pone la chaqueta, se toca los bolsillos y mira alrededor, por si acaso. El chat de padres se enciende y se llena de expertos repentinos.
Es él, el de casi cada tarde. Sonríe y suelta: ‘colapso’, ‘invasión’, ‘efecto llamada’. Hay palabras que entran como argumento y salen como verja. Remata con su salvoconducto: «yo solo pregunto». La ideología asustada hace origami con la realidad hasta que cabe en un........