Viaje de ida y vuelta de Manuel Marín

Esculturas de Manuel Marín, expuestas recientemente en el Museo Ramón Gaya de Murcia / Juan Ballester

Mi amigo Juan Alacid recuerda un día de comienzos de los sesenta en que, siendo niño, asistió por casualidad a la despedida en Cieza del Faraón (Manuel Marín, 1942-2007). Estaba en misa en el Convento con su madre y, atraído por el bullicio de fuera, salió a ‘mojetear’.

En la plaza, un grupo de amigos y aficionados despedía al joven torero, retirado por lesión, que partía a hacer las Américas. Alentado por su apoderado inglés y enamorado de una inglesa, recaló en Londres, donde trabajó hasta 1964 como ayudante en la fundición de Henry Moore. Años después en Nueva York, ya como artista maduro, desarrolló un lenguaje escultórico propio y se codeó con figuras como Andy Warhol o Basquiat.

Sus esculturas móviles, «de colores vivos, formas depuradas y sutil movimiento», se exhiben hoy en espacios públicos del extranjero. Durante décadas, ciezanos y murcianos nada supimos de él. Tras su ‘rescate’, una magnífica exposición de esculturas de hierro policromado, que combinan ‘ligereza y ritmo’, se muestra ahora en el Museo Siyasa, junto a la Esquina del Convento. Mi amigo Juan Alacid, aficionado taurino, celebra hoy el ‘regreso’ de aquel joven diestro, convertido en un grandísimo escultor, al lugar del que lo vio partir.

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