La infeliz financiación

«¿A quién vas a creer: a mí o a tus propios ojos», preguntaba Groucho Marx en un imposible acomodo al cinismo de las reglas de la lógica. La frase provoca risas, porque está concebida para el humor, pero cuando alguna de sus variables se intenta imponer en la vida real lo que resulta es irritación en quien se ve sometido a semejante trágala.

La cuestión de la financiación autonómica, sobre la que colea el rechazo de absolutamente todos los presidentes regionales menos uno al proyecto del Gobierno, contiene algo de esa lógica surrealista en que es preciso distinguir entre lo que dice María Jesús Montero y lo que perciben nuestros sentidos. Y esto, incluso aceptando la mayor, y es que el nuevo sistema que se propone mejora notablemente al anterior, faltaría más.

Pero lo cierto es que hay cuestiones formales que ponen la mosca detrás de la oreja, sobre todo porque el Gobierno niega lo que tan evidentemente está a la vista. La financiación de las autonomías no es una cuestión técnica que pueda aislarse del tráfago político, y es en este campo en que la propuesta gubernamental ha de ser considerada. Son muchos los elementos que interfieren en la bondad de la oferta de Montero.

1. La formalización de la unilateralidad catalana, que viene a establecer el marco singular de esa autonomía, con capacidad para la presión sobre la estabilidad del Gobierno central; una singularidad desde la que se proyecta el modelo para las demás, en el que unas ganan y otras pierden, a pesar del incremento de recursos para todas.

2. El descaro con que se expone el molde en el acuerdo con luz y taquígrafos entre el Gobierno y uno de los partidos políticos de Cataluña, ni siquiera el que se ocupa del gobierno de la Generalitat. Una publicidad incómoda para el Ejecutivo central, pero necesaria para ERC, pues este partido, además de rebañar la tarta, debe presumir en su espacio electoral frente a sus competidores independentistas de haber llevado el brazo al Gobierno del Estado.

3. La noticia de que Pedro Sánchez se había reunido tres veces en secreto con el líder de Ezquerra abunda en que la cuarta, en el Palacio de la Moncloa, es el corolario de una nueva concesión en favor de su socio parlamentario para que éste venda en Cataluña una conquista política que el Gobierno central niega, contra la evidencia, en el resto del territorio.

4. El hecho de que la negociación con Oriol Junqueras, de la que se deriva........

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