La cabeza de Yolanda
La ministra Yolanda Díaz, en el acto de la firma del SMI / Eduardo Parra / EUROPA PRESS
¿Quiere seguir Yolanda Díaz al frente de Sumar? Es la pregunta que se hacen desde otros partidos de esa coalición tal vez en actitud precautoria para no iniciar la ‘refundación’ de la izquierda con el desaire apriorístico de dar por sentado su descuento. Sorprende, sin embargo, que estén todavía en ese punto de la cuestión. Que se sepa, Díaz ya renunció al liderazgo tras las lejanas elecciones gallegas, cuando asumió con su dimisión la responsabilidad política de que su opción no alcanzara representación alguna en aquel Parlamento. Renunció a dirigir Sumar, aunque siguiera en su cargo de vicepresidenta del Gobierno. Así lo dijo entonces.
Es significativo que en el llamado Movimiento Sumar hayan olvidado que carecen de líder orgánico o coordinador por una dimisión sin repuesto. ¿Quién está al frente? ¿Quién fiscaliza o controla la actuación en el Gobierno de Díaz y del resto de ministros del grupo? Este vacío significa que Sumar está hueco. Es un partido de ministros que van por libre. No haría falta que IU pida, como ha hecho, que Díaz se eche a un lado, pues Díaz ya se descartó a sí misma. Que con el tirón de IU haya colocado un diputado en Aragón taponando a Podemos no es precisamente la nota que señale su recuperación.
La clave del futuro de Díaz reside en un dicho: donde las dan, las toman. Cuando, sin someterse a primarias, apareció como líder fáctica de Sumar vetó a Irene Montero, colocó a los candidatos de Podemos en lugares no preeminentes de las listas y no incluyó a miembros de ese partido en el Gobierno. Una vez perdida su providencialidad, los pablistas, a pesar de su precariedad, están ahora en condiciones de dar la vuelta a la tortilla: Irene por Yolanda. Donde esté una no cabe la otra. Como en 2023, pero a la inversa. Y sin Podemos no hay ‘refundación’ creible. Así que, adiós Yolanda.
Las diferencias entre los diversos grupúsculos de la izquierda se refieren exclusivamente a personalismos camuflados de matices retóricos, de manera que no habrá nueva convergencia si no ruedan cabezas. Y la base real organizada es IU más nacionalismos. Se trata de una izquierda que ha olvidado que la suma de siglas no suma votos. Y tampoco la sangre derramada.
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