La 7 de Caballería

López Miras como Teodosio I El Grande en el desfile del Viernes Santo de la Semana Santa de Lorca. / EFE

Con la precisión de frenada de un tren japonés, Fernando López Miras detuvo el galope de los caballos de su cuadriga ante la tribuna presidencial del desfile bíblico y procesional de la Semana Santa lorquina el pasado Viernes Santo, día central de las celebraciones. Su grupo lo componían con él un tiro de cinco caballos y una siga (seis) que le antecedían y sucedían respectivamente, pero fue el suyo el que detuvo "el salto" (una de las galopadas a espacio libre en la carrera procesional) ante el palco presidido por el alcalde, a un lado, y al otro, el espacio reservado para los medios de comunicación, desde el que las cámaras de La 7, la televisión pública regional, retransmitían el acontecimiento. Fue recibido con especial entusiasmo por el alcalde, Fulgencio Gil Jódar, así como por los consejeros de Presidencia, Marcos Ortuño, y de Cultura y Turismo, Carmen María Conesa, aunque con más pausado y protocolario aplauso por el delegado del Gobierno y secretario general del PSOE, Francisco Lucas.

López Miras traía consigo un anacronismo: representaba sobre su carro de dos ruedas al emperador Teodosio I el Grande, pero el palco blanco le gritaba: "¡Presidente! ¡Presidente!" en una ostensible confusión consciente entre persona y personaje. Los visitantes de fuera de la Región que consultaran sus guías del cortejo se atribularían al ver a un emperador degradado por el pueblo a presidente.

El locutor de la retransmisión aseguró que el presidente "conduce los caballos con la misma seguridad con que lleva las riendas del Gobierno regional"

El locutor de la retransmisión aseguró que el presidente "conduce los caballos con la misma seguridad con que lleva las riendas del Gobierno regional"

El emperador valiente

Al principio de la parada todo eran efusiones de la grada blanca y gestos de salutación de un López Miras sonriente y satisfecho, pero pasados unos minutos, cuando ya se había rebasado el tiempo en que debería haber arrancado para un nuevo "salto", el ambiente se fue calmando y se extendía la expectación por lo que, sin duda, constituía una anomalía. El delegado del Gobierno se tocaba el reloj, consultaba a su alrededor, dada la extrañeza de tan prolongado parón, y miraba hacia adelante y hacia atrás del desfile con el fin de evitar seguir observando a tan magnificente auriga, situado a su frente y quien, por más señas, lucía manto rojo de estreno de la misma tonalidad que el logo socialista, así como también un nuevo peto que acorazaba su estampa triunfante. Sus cuatro caballos, blancos y pardos, escalonados, se mostraban algo intranquilos, pero se les observaba bien controlados, y piafaban expectantes a un golpe de riendas que no se producía.

Mientras tanto, La 7 repasaba hasta el último detalle de su figura, agotando todo el catálogo de tiros de cámara posibles: primer plano, plano medio, general, frontal, posterior... El locutor, muy bien documentado, había teatralizado su sorpresa al ver al presidente de la Comunidad de tal guisa, aunque inmediatamente recordó que esta es su segunda excursión por la carrera en Viernes Santo, precedida de su irrupción original en un Domingo de Ramos, y que su ausencia del palco presidencial hacía prever que esta vez también repetiría el papel.

Quedó plantado ante la unidad móvil de La 7, y ésta echó mano de una gran diversidad de planos y comentarios para justificar la oportunidad del auriga

Quedó plantado ante la unidad móvil de La 7, y ésta echó mano de una gran diversidad de planos y comentarios para justificar la oportunidad del auriga

Entre el locutor y el comentarista del Paso Blanco trataban de normalizar esta actitud de López Miras, pues el presidente está muy vinculado de manera activa y desde muy joven a la cofradía, y el primero se permitió varios juegos de palabras: vino a decir que el presidente está "enganchado al enganche" (a este tipo de carros se les denomina "enganches"), y que "conduce los caballos con la misma seguridad con que lleva las riendas del Gobierno regional", una ocurrencia plausible, pero tal vez impropia de ser expresada desde la televisión pública. También lo definió como "valiente", pues "¿y si se cae?", previendo que en tal caso pasaría de la gloria a la humillación en menos que canta el gallo. El comentarista blanco que asesoraba al locutor no alejó la posibilidad de tal riesgo, puesto que los animales son imprevisibles hasta para el más avezado caballista y no sería la primera vez que dan un susto a lo largo del desfile. Pero no le iba a pasar nada, pues el locutor veía a "feliz, seguro y tranquilo".

Pasaban los minutos, y el presidente de la Comunidad no se movía del sitio. Las cámaras de La 7 lo seguían retratando, transmitiendo esa sensación del locutor, y al delegado del Gobierno se le veía cada vez más inquieto, como si fuera él a quien inesperadamente lo hubieran puesto a conducir los caballos. Que inviten al líder de los socialistas a un palco para presenciar un desfile bíblico-pasional y que se detenga prolongadamente ante él su máximo rival político, investido del poderío de un emperador y aclamado en su tierra, Lorca, con más fervor que en los rutinarios mítines debe producir alguna incomodidad. Hasta el punto de que no sería reprochable que se le hubiera pasado por la cabeza la impresión de estar siendo víctima de una descortesía.

La culpa fue de Magencio

Pero el locutor de La 7, al principio, trató de justificar la duración del parón por el hecho de que es necesario que quienes precedían al presidente le dejaran un amplio espacio vacío a fin de que pudiera salir al galope en un trecho sin obstáculos. Esto es así habitualmente, pero pasaba el tiempo y se rompía la naturalidad de la pausa en una meta volante tan oportuna. Enseguida informó de que el tiro de cinco caballos que antecedía a López Miras, el que representaba a Magencio, había sufrido una incidencia que obliga a su retención. Una casualidad providencial para el lucimiento televisivo de . En efecto, al carro conducido por Pedro García, conocido como Pedro el Sordo, uno de los caballistas más veteranos, hábiles y experimentados del Paso Blanco, se le rompió la pértiga, una pieza imprescindible para que los caballos avancen al unísono, condición indispensable en el lucimiento en la carrera, según declaró García a La Opinión en 2023. Los mayordomos estuvieron considerando la posibilidad de sacar el carro de la carrera, pero al final consiguieron encontrar un apaño para que pudiera discurrir por ella en el tramo final.

En vez de mantener en pantalla al presidente, las cámaras debieran haberse acercado al carro averiado para dar cuenta de lo que era más relevante en esos momentos

En vez de mantener en pantalla al presidente, las cámaras debieran haberse acercado al carro averiado para dar cuenta de lo que era más relevante en esos momentos

Las riendas paralelas

Hay, pues, una explicación técnica para tan prolongada parada, pero ya es casualidad que se produjera con López Miras plantado ante la unidad móvil de La 7, hasta el punto de que esta echó mano de toda una gran diversidad de planos mientras su locutor, sin merma de una acreditada profesionalidad en el resto de la retransmisión, rellenaba el tiempo muerto con profusión de explicaciones sobre la oportunidad de que desfilara y recurriera a metaforizar sobre los paralelismos entre manejar una cuadriga y hacerlo con los destinos de una región. dio incluso paso a una batería de spots publicitarios, manteniendo en pantalla una "ventana" con un plano del presidente, y cuando concluyó la publicidad, como diría Monterroso, el dinosaurio todavía estaba allí.

La consecuencia del providencial incidente es que López Miras acaparó, para el espectador televisivo, casi el doble de tiempo que las protagonistas indiscutibles del Viernes Santo lorquino, las Vírgenes de los Dolores y de la Amargura, patronas respectivas de los Pasos Azul y Blanco. El presidente permaneció en pantalla dieciocho minutos, mientras la imagen de la Dolorica mereció cinco, y la de la , seis. ganó a ambas por siete minutos. Tal vez habría sido informativamente más interesante que, en vez de mantener en pantalla al presidente, las cámaras se hubieran acercado al carro averiado para dar cuenta pormenorizada de la incidencia, cuyos intentos de corrección era lo más relevante que estaba ocurriendo en esos momentos. Pero la curiosa casualidad permitió que lo que hubiera sido una anécdota, la presencia de López Miras como auriga de su Paso, se convirtiera en un párrafo subrayado, algo que respecto al presidente de la Comunidad es norma en La 7. Cuando la práctica es habitual, no sorprende que "incidentes" como el del parezcan una extensión de la regla.

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