Alcalde |
Cartón de fotos de José Ballesta en el estudio de Juan Ballester. / Juan Ballester
Ha muerto un buen alcalde. Con decir esto bastaría. No digo un buen alcalde porque es lo que se dice en los obituarios de instante, sino porque lo ha sido, y es preciso reconocerlo dejando de lado la emoción del domingo fatal. Con admitirlo no se anulan las críticas legítimas a su gestión ni la validez de las alternativas de otros grupos políticos, ni siquiera hay que esconder sus errores. Pero es preciso hacer un paréntesis en la polarización e incluso en el debate más templado y correcto para admitir el alto valor de esta personalidad política, tan singular en el actual contexto.
José Ballesta ha sido el nexo que ha cruzado con más naturalidad el tiempo en que la política se concebía de una manera a otro en que cambiaron todos los paradigmas. De ahí que se acreditara de una gran respetabilidad. Ha sido un alcalde tradicional y moderno a la par. Emitía mensajes que confortaban a quienes entendían la política como un escenario sólido, reconocible, y también a quienes exigían una cierta ruptura con las convenciones que para muchos eran inamovibles. Ha........