No hay norma sin fuerza

Úrsula Von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea / efe

Es una impertinencia el recordatorio periódico de que los costes de la energía lo mandan todo. Donald Trump es lo que es pero Irán es lo que no hay. Cuando se inventó el telégrafo se dijo que la humanidad iba a estar más unida que nunca. Al inventar la radio, Marconi proclamó que se acabarían las guerras. Ahora estamos con la inteligencia artificial y los enjambres de drones: el estrecho de Ormuz es intransitable y los consumidores del mundo se indignan en la gasolinera.

El mapa de Mercator, del año 1569, tuvo una vigencia de siglos y consagró una percepción del planeta que giraba en torno a Europa. En 1974, Arno Peters rehizo el mapamundi: pretendía una representación real de los tamaños continentales, territoriales. Abolió el etnocentrismo europeo y dio dimensión proporcional a las dimensiones auténticas. Ahí estaba el angosto estrecho de Ormuz, con los camelleros trotando en ambas orillas, antes de que el petróleo fuese oro negro. Decía bien la primera ministra de Israel Golda Meir: «Moisés nos arrastró cuarenta años por el desierto para traernos al único lugar en todo Oriente Medio donde no hay petróleo».

Un sistema de naciones como es la Unión Europea no solo es un conjunto normativo. Eso es lo que vino a decir Ursula von der Leyen en un discurso que ha sido tergiversado de forma asombrosa. Por experiencia histórica sabemos que la implementación del poder normativo a veces requiere de la fuerza.

En su intervención ante los embajadores de la Unión Europea, Ursula von der Leyen dijo que a Europa siempre le afectará lo que pase en el mundo y por eso la idea de que pueda atrincherarse y apartarse del momento caótico es una falacia. El sistema de normas «ya no es el único modo de defender los intereses europeos». Propuso, simplemente, reformar las normas y tener fuerza para defenderlas. La reacción fulminante a su discurso quizás tenga algo que ver con ese frente del ‘No a la guerra’ que pretende revitalizar a la izquierda europea, tan maltrecha. Está en preparación la nueva Estrategia de Seguridad Europea. El nuevo pacifismo va a poder hacer grandes discursos en el Parlamento Europeo y Trump le puede dar buena munición si sigue con sus contradicciones, sus comentarios jactanciosos y sus improvisaciones tácticas, pero la Guardia Revolucionaria Islámica -organización terrorista, según la UE- continúa en el poder, a costa del pueblo de Irán.

El profesor Zaki Laïdi se ha preguntado si, como proyecto normativo, la UE tiene sentido sin un «proyecto geopolítico». Es la pregunta del millón. La UE no será gran potencia en tanto que no sea garante último de su propia seguridad. Y eso es defensa, tecnología, comercio, armamento, ciberespacio. Jean Monnet hablaba de fusión de intereses europeos y no solo de equilibrio de intereses. La guerra de Ucrania ha obligado a Europa a dar algunos pasos singulares. Con el estrecho de Ormuz entre llamas y buques hundidos, otros pasos van a tener que darse, con la manguera en la mano y viendo cómo el precio de la gasolina se dispara.

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