El lugar natural del ‘Guernica’ de Picasso |
El 'Guernica' de Pablo Picasso / L.O.
El reputado poeta dadaísta y surrealista Paul Éluard visitó en 1937 el nuevo estudio que Pablo Picasso había encontrado en la calle de Grands Augustins de París. Dicen las crónicas que, al contemplar el lienzo que pintaba el malagueño, el poeta -afiliado al Partido Comunista Francés en 1926 y expulsado del mismo en 1933- exclamó: ¡Guernica!, pocos días después del fatídico bombardeo de la Luftwaffe. Según se deduce del minucioso estudio de José María Juarranz en ‘Guernica. La obra maestra desconocida’ (2018), Picasso no malgastó la oportunidad que le proporcionara este peculiar bautismo poético-político para amplificar su prestigio y fama en Europa, y su proyección comercial de ecos tan fenicios como el asentamiento del Cerro del Villar. En esta época las ideologías vendían mucho, se fundían de modo obsceno con las pasiones y los raptos románticos. Tanto, que los propósitos mundanos de Pablo Picasso pasaron a un segundo o tercer término, y acabaron sepultados por una interpretación institucional del cuadro en la que ‘Guernica’ tenía una clara intencionalidad política y propagandística al servicio de la causa antifascista. Su cuadro de dimensiones hercúleas -3,50 x 8 metros- asentó su prestigio sobre las firmes columnas del misticismo revolucionario de izquierdas, y se convertiría en el icono imprescindible que presidiría en la Transición los salones de las casas de socialistas, comunistas y anarquistas, al tiempo que en las estancias de nostálgicos del franquismo y conservadores más moderados, lo hacía ‘La Última Cena’ de Leonardo o de Dalí.
Por azares del destino de la política actual, el Guernica vuelve a estar de moda con la reclamación de que su «lugar natural» aristotélico es el Museo Guggenheim de Bilbao. Es, nuevamente, moneda de cambio para intereses que trascienden la voluntad artística del pintor y reafirman la convicción de los problemas de la mitificación de las imágenes y el abuso de las interpretaciones de lo real, tan propio del pensamiento posmoderno.
El profesor Juarranz nos anima a dejar a un lado la interpretación política al uso y nos propone una «nueva mirada» del cuadro de Picasso como obra fundamentalmente autobiográfica y hasta malagueña, convencido de que hay una íntima e intensa relación entre las obras picassianas y la vida personal de su egocéntrico autor, un artista universal proclive a la soledad y el aislamiento, pero que se sentía rey y Dios,........