Vías, votos, víctimas

Óscar Puente. Comparecencia de Pedro Sánchez en el Congreso de los Diputados. / José Luis Roca

Es probable que el ministro Puente no haya tenido la menor culpa, por acción o por omisión, en la catástrofe ferroviaria de Adamuz. Tampoco se le podría atribuir a Sánchez, salvo la de no haber rectificado con fuerza una estrategia desarrollista que durante décadas ha descuidado el mantenimiento. Pero el golpe de una gran tragedia busca paliativo en una culpa y un culpable, igual que una sobrecarga de tensión busca el fusible. El golpe llega en el peor momento político de Sánchez, pone en crisis el sistema ferroviario español -una de las joyas de la corona hacia dentro y hacia fuera- y, con el caos de Rodalies, revienta el bastión de votos catalán, trabajado con tanto esfuerzo y coste. Se diría que la mano del destino apunta ahora con siniestra precisión contra Sánchez. Trenes que cambian de vía los votos (como aquel fatídico 11-M); aunque la peor parte sea, desde luego, para las víctimas.

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