Esa noche oscura

António Lobo Antunes / l.o.

Y de pronto se interrumpe la mañana y me entero de que António Lobo Antunes ha entrado, demasiado deprisa, en esa noche oscura. Y de repente me asalta un primer pensamiento: «otra vez el premio Nobel ha hecho lo que hizo con Borges».

En literatura se dice que hay cuatro espacios para cantar: las cavernas, la tierra, el aire y el paraíso. La mayoría canta a la tierra, unos pocos lo hacen al aire y al paraíso, pero son menos aún los que se atreven a entrar en las cavernas. Lobo Antunes era uno de ellos. Psiquiatra de profesión, gustaba de explorar las profundidades de la mente humana, profundizando en los recovecos más oscuros de sus conciencias, desvelando cómo sus pasados condicionan sus presentes y sus acciones. A este inmenso, irrepetible, irremplazable autor, lo que realmente le importaba era la naturaleza humana y, con frecuencia, su parte más oscura.

Dice el ya citado Borges en un pequeño ensayo: «La belleza es un accidente de la literatura; depende de la simpatía o antipatía de las palabras manejadas por el escritor y no está vinculada a la eternidad». El título del ensayo es ‘La fruición literaria’. La palabra ‘fruición’ proviene del latín, del verbo frui, que significa ‘disfrutar’ o ‘gozar’. Describe una satisfacción profunda, un goce intenso y absoluto, que se experimenta al poseer o contemplar algo, ya sea material o inmaterial. Va más allá de un simple placer superficial, porque implica una profunda conexión emocional y una apreciación completa del objeto de la fruición. Fue un concepto muy usado por los escritores del Siglo de Oro, especialmente por los culteranos, que se recreaban en ‘ocultar’ el poema de tal manera que quien lograra ‘descifrarlo’ sentiría, sin duda, un goce que iría más allá del simple placer superficial, o sea, la fruición. Lo que sucede, en estos casos, es que muchos abandonarán la lectura antes de alcanzar su comprensión y, por tanto, quedarán muy, muy lejos de ese goce tan intenso, y en cambio abominarán de la obra por difícil e incomprensible.

Si hay un autor contemporáneo a quien se puede leer con verdadera fruición es, era, será para siempre, António Lobo Antunes. Cierto es que, probablemente, sea el autor más difícil, el que más rechazo puede producir si no se adentra uno armado de paciencia. «No entres tan deprisa en esa noche oscura» es el título de una de sus mejores novelas y casi sirve como manual de instrucciones para abordar cualquiera de sus obras. Ahora que él ha entrado ahí, en esa sombra para siempre, solo nos quedará la luz de su palabra, de su literatura, y el desconsuelo de haber perdido a un autor inmenso al que no se le dio lo que merecía, como es tan, tan, tan frecuente.


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