Cuento de Navidad

Un hombre, gitano como todos los que estaban en la taberna, cantaba por siguiriyas. / l.o.

Me gusta cantar, pero no soy un buen cantante. Me hubiese gustado cantar bien, sobre todo flamenco, pero mi voz no alcanza. Y lo peor es que desde niño supe que nunca podría cantar flamenco porque arrastro una maldición. Una maldición que viene de mi abuelo materno, que sí sabía.

He oído muchas historias sobre mi abuelo y su cante. Dicen que siendo un niño pasó una compañía por el pueblo, una de un cantaor legendario, podría ser Don Antonio Chacón, y se lo llevó con él, de las facultades que tenía. Pero, ya en medio del camino, cuando se hizo de noche, se asustó y volvió a su casa andando. No le........

© La Opinión de Málaga