Pérdidas contables |
AVE en la estación de Santa Justa, este martes / Álex Zea
Aquí estamos, contando viajeros que no han podido venir a Málaga tras la interrupción del AVE. Cualquier cosa es inferior y sin importancia al hecho de que tantas personas murieran en el accidente de Adamuz. Pero la vida sigue aunque no sigue el AVE que sigue interrumpido a no ser que uno combine bus y tren, un calvario, una molestia, un sindiós. Los empresarios cuentan las pérdidas económicas y los hoteleros cuentan las pérdidas y los hosteleros también. La gente común también cuenta pérdidas. Cuántas citas anuladas, cuántos ir y venir sin ir ni venir. Personas que no llegaron a una cita de Tinder o de trabajo o al médico o dar el último adiós a una cuñada.
Madrid está de nuevo lejos aunque Sevilla ha tenido más suerte y el AVE ya va directo sin autobús. El AVE cuando se restablezca volverá a sus trayectos de tres horas, ya no tanta alta velocidad, más bien velocidad a secas. Las compañías aéreas hacen su febrero como si fuera verano y se multiplican los trayectos en automóvil. Tal vez el dueño de una alicaída venta en Despeñaperros, que mortecinamente sirva unos cuantos cafés por la mañana a varios conductores adustos, vea ahora más gente, más clientela; puede que se lucren más las gasolineras y también los que tienen la aplicación de Bla, bla Car. En no pocos trayectos con dos extraños compartiendo coche hacia Madrid la conversación girará en torno al AVE, pues mira, lo iba a coger pero no pude y tal. Lo mismo en ese trayecto nace un odio fecundo o un amor o una amistad o quien pensaba ir en AVE pero va en coche compartido deja al fin entrar en su vida el rock o una tertulia ecléctica que nunca habría escuchado y que el conductor sintoniza.
Los primeros trayectos que están pasando por Adamuz registrarán un silencio agudo, imperioso, respetuoso. Un lamento colectivo, un miedo. Al que iba a venir hoy a Málaga y no viene y anda por Madrid, el destino le ha regalado una bifurcación. Gozosa o envenenada. Lo que habría de acontecerle en Málaga le acontecerá a otro y lo que hará en Madrid no lo tenía previsto su propio destino. Miles de azares que se cruzan o se alejan. Miles de planes que se replantean. En la era de la hiperconexión, cualquier ruptura en las decenas de hilos que nos unen, se asume mal. Al final, todo se reduce a números, a balances, a un señor dando una rueda de prensa enumerando todo lo que se pierde. En tantas ocasiones, confundiendo valor y precio.