Rusia, la OTAN y el síndrome de la rana

Un plato con los retratos de Xi Jinping y Vladímir Putin. / EFE

Con la ayuda indispensable de la OTAN, Ucrania intentó someter a Rusia a lo que los psicólogos llaman ‘el síndrome de la rana hervida’: la inmersión del batracio en una olla en la que el agua se va calentando poco a poco para que ése termine acostumbrándose y no salte.

Pero al final, la rana, en este caso el oso, saltó: el presidente Vladimir Putin, que había desoído hasta entonces a quienes le reprochaban su excesiva tolerancia con las reiteradas provocaciones de Kiev y sus amigos de Occidente, dio el zarpazo que muchos en su país llevaban tiempo esperando.

Zarpazo en forma de un ataque masivo con centenares de drones y sus más modernos misiles hipersónicos, incluido el más temible de todos, el Oreshnik contra varios centros de mando y control así como instalaciones militares tanto en la capital como........

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